Educación

¿Cómo salvar la universidad en la virtualidad?

La Universidad virtual necesita ofrecer un valor diferencial. Es posible que este radique en educar usando modos de hablar más trascendentes como los que ofrecen las narrativas transmedia

Daniela García Lara

Desde el inicio de la pandemia uno de los retos más duros a los que se ha enfrentado el sector educativo, especialmente el de la educación superior, ha sido la transición a la virtualidad que, además, ha estado acompañada por altísimos índices de deserción estudiantil.

Y a pesar de que estos números rojos no se deben solo a tal transformación, sino sobre todo a la crisis económica por la que atravesamos; es necesario detenerse y preguntar qué es lo que está sucediendo hoy con la virtualización de la educación superior, en qué se está diferenciando realmente la Universidad frente a otras plataformas educativas. En otras palabras, ¿por qué seguir pagando los precios de una Universidad privada en Colombia?

Definitivamente la respuesta a esta pregunta nos resulta cada vez más angustiante a todos los que trabajamos en la Universidad, o al menos a mí sí en mi rol docente.

En primer lugar debemos entender que hoy ya no se va a la Universidad, sino que se conecta con la Universidad, por lo que educar tiene que ser una experiencia compleja, en la que estudiantes, docentes y administrativos participen interactuando de forma mucho más profunda que visualizar charlas en streaming.

Combatir la obsolescencia de la Universidad también nos exige admitir que hacer presentaciones en power point o videollamadas eternas, empieza a hacerse una realidad desgastante y carente de funcionalidad frente a las posibilidades que nos ofrece internet.

Por eso necesitamos buscar otras dinámicas educativas mucho más pertinentes para los estudiantes de hoy: jóvenes productores y consumidores -prosumers- de información digital, en permanente actividad. Sujetos hipervinculados, multitarea, tremendamente rápidos con sus formas de navegar la internet y sorprendentemente inconformes con los procesos de profesionalización que se les está ofreciendo en la virtualidad, -basta con leer las cuentas no oficiales de estudiantes universitarios en Instagram o Facebook para comprobarlo-.

La Universidad virtual necesita ofrecer un valor diferencial, de esto ya no hay duda. Es posible que este radique en educar usando modos de hablar más trascendentes como los que ofrecen las narrativas transmedia. Es decir, adoptando dinámicas discursivas en las que se construyan historias a través de múltiples medios (multimedia) como el video, el texto, la imagen, el sonido o sus posibles combinaciones. Y quizás, para lograrlo, debamos aceptar que la música, los collage y hasta los memes son elementos pedagógicos necesarios.

En definitiva profesores, ¡tenemos que aprender a hablar como se habla en la virtualidad!, si queremos más de ocho segundos de interés genuino por parte de nuestros estudiantes, antes de que hagan scroll y se vayan a ver el video de perritos que IG TV les está sugiriendo consumir.

También es necesario dejar de enseñar como quien deposita en el estudiante “vacío” o “ignorante” una información- contenido, sino, por lo contrario, hay que hacerlo parte de la construcción de un relato, del que él, ella o elle (sí, aunque a algunos aun les cueste), sea autor en su rol prosumer.

Nadie nos advirtió que, además de perfeccionarnos como docentes en nuestras áreas, íbamos a tener que construir experiencias virtuales donde la interacción, el relato, la hiperconexión, entre otros, serían fundamentales, por no decir, obligatorios. Pero esta es, quizá, la única forma con la que hoy contamos para combatir la obsolescencia de la Universidad.

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