Consejos básicos para enfrentar el dolor que causa la innovación en su compañía

Michael Schrage

La innovación duele: puede ser la tensión física de los desvelos consecutivos o el dolor emocional de subordinar su visión al gusto de los clientes. Idealmente, los innovadores sufren para que los clientes no tengan que hacerlo.

Discutiblemente, una de las grandes fallas de la educación empresarial y técnica formal es que inculcar conciencia propia disciplinada del manejo del dolor no es parte ni de la cultura ni de la currícula. Pero los innovadores de élite entienden y aceptan que probablemente se lastimarán ellos mismos o a sus colegas en el camino a la excelencia en la innovación. Esto va más allá del cliché de 'sin dolor no hay ganancias'.

De la misma forma en que el desarrollo profesional no requiere dolor inherentemente, la presencia del dolor no necesariamente indica progreso personal. La lección más fascinante no es cómo hacen los innovadores para apalancar, ignorar o adormecer su dolor sino qué tan adaptados se han vuelto a la distinción entre dolor 'bueno' y 'malo'.

El dolor 'bueno' es el de cabeza y la ansiedad asociados con probar una nueva metodología o con aprender una técnica nueva. El 'dolor malo' es la sensación nauseabunda y punzante de que algo ha salido fundamentalmente mal y que, si sigue adelante, las cosas empeorarán aún más. Uno indica nuevas eficiencias; el otro significa cuidar los pasos. El dolor es retroalimentación. Los innovadores exitosos entienden la frecuencia y amplitud de banda de su dolor personal.

La habilidad para detectar si una punzada es el inicio de un problema o garantía de que un nuevo músculo del cerebro se está arraigando es lo que distingue a los trabajadores de élite de los ordinarios. Los innovadores sofisticados pueden determinar en qué momento es probable que rinda beneficios la dolorosa persistencia.

El autoconocimiento es clave. Si su organización no habla abierta y francamente sobre su dolor con la innovación conforme lucha por crear nuevo valor en formas nuevas, es seguro que diagnosticará erróneamente y malinterpretará elementos críticos de su cultura de innovación.