¿Debe fomentar o prohibir los medicamentos de sus empleados?

Michael Schrage

Ya a nadie le extraña que un colega tome Prozac. Y la cafeína claramente se ha convertido en el estimulante (legal) predilecto – y Starbucks es su promotor global más rentable.

Cada vez es más común que medicamentos de prescripción como Adderall, que se usan para tratar problemas de atención, estén entrando al uso del mercado gris por estudiantes que buscan ventaja cognitiva. Y cuando analizamos los medicamentos existentes y en producción para el Alzheimer y otros desórdenes neurofisiológicos para las poblaciones occidentales que están envejeciendo y que enfrentan retrasos en sus jubilaciones, es probable que aumente el número de empleados que tomen medicamentos.

De hecho, los medicamentos que mejoran el desempeño se volverán tan comunes como esa revitalizante taza de café vespertina.

¿Se debería fomentar eso o la gerencia debería pretender que esas opciones no existen?
Dejando de lado de momento el mundo de los deportes, la realidad legal y política es que no es ni un crimen ni una violación ética tomarse una pastilla que lo ayude a tener menos ansiedad, a estar menos enfocado o a ser más productivo. Y en un ambiente económico difícil, las compañías necesitan que sus empleados estén menos ansiosos, que estén más enfocados y que sean más productivos. Los trabajadores que carezcan de estas cualidades podrían ser los primeros en línea para la siguiente ronda de despidos.

¿Es ético desalentar o ignorar una opción que pudiera ayudar a un empleado a conservar su trabajo?
Presumiblemente, un gerente no podría despedir a un empleado que no quiera tomarse una pastilla de la misma forma que no podría despedir a un empleado con limitaciones auditivas que se niegue a usar un aparato para su oído. ¿Pero qué pasará si – o cuando – “el desempeño laboral“ y “la mejora en el desempeño“ se entrelazan inextricablemente?

Mi opinión: Dependiendo de las leyes laborales, no se debería contratar, despedir o conservar empleados con base en su disposición a usar remedios médicamente aprobados. Pero las compañías deberían tener libertad de crear conciencia sobre el uso seguro y legal de medicamentos que mejoren el desempeño como opción viable en el trabajo. No debería haber ni estigma ni honor relacionado con su uso.

Por tanto, las políticas son tan provocadoras como la ética: en Estados Unidos, por ejemplo, se está exigiendo que los patrones provean a su personal anticonceptivos “gratuitos“ como parte de la iniciativa de reforma al sistema de salud del Presidente Barack Obama. Pero si a un país le preocupa la competitividad global y el crecimiento económico, ¿por qué la cobertura de salud no debería abarcar los medicamentos que mejoran el desempeño?

Las fuerzas laborales envejecidas de Francia y Alemania necesitan mejorar su productividad. ¡Vaya dilema desafiante de política pública! ¿Los jefes chinos o rusos estimularán a sus empleados para que tomen medicamentos que mejoren el desempeño? ¡Vaya contexto global fascinante para la competencia económica!

Un antidepresivo muy popular
Según un estudio publicado por el diario británico The Observer, el Prozac es el antidepresivo más recetado en la historia y ha sido prescrito a más de 54 millones de personas en el mundo por perturbaciones compulsivas, ataques de pánico y trastornos de la alimentación, entre otros. Los estudios sugieren que entre 1991 y 2001 la depresión aumentó más del doble en Estados Unidos y se estima que una de cada seis personas en Inglaterra la padecen. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la depresión será la segunda causa de discapacidad en el mundo para el año 2020 antecedida de las enfermedades y disfunciones cardiacas.