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El frío de la oficina le cuesta más caro a las mujeres y a su nivel de productividad

Sondeo LR

Estudios demuestran que los estándares de climatización que aún rigen la mayoría de oficinas en el mundo se diseñaron en la década de 1960

Sara Ibañez Pita

En muchas oficinas se repite la misma escena: mientras ellos trabajan en manga corta, ellas recurren a chaquetas, bufandas o mantas bajo el escritorio para sobrellevar el aire acondicionado. Y aunque este hecho ha sido tratado como un simple gusto personal desde casi siempre, la ciencia lo ha convertido en objeto de estudio durante la última década, encontrando que el termostato de la oficina no es neutral y sus consecuencias recaen con más fuerza sobre las mujeres.

Así lo confirmó un estudio publicado en la revista Nature Climate Change por los investigadores Boris Kingma y Wouter van Marken Lichtenbelt, de la Universidad de Maastricht, titulado 'Consumo de energía en edificios y demanda térmica de las mujeres', el cual reveló que los estándares de climatización que aún rigen la mayoría de oficinas en el mundo se diseñaron en la década de 1960, con base en la tasa metabólica de un hombre promedio, un cálculo que puede sobreestimar hasta en 35% la tasa metabólica real de las mujeres.

Sin embargo, el impacto de ese desajuste no se queda en la sensación de frío y se traslada a la productividad: en la investigación 'La batalla por el termostato: el género y el efecto de la temperatura en el desempeño cognitivo', publicada en la revista científica Plos One, Tom Chang y Agne Kajackaite realizaron pruebas de matemáticas y lenguaje bajo distintas temperaturas a 543 personas. Como resultado, descubrieron que, cuando el ambiente se calienta, las mujeres mejoran su desempeño en niveles considerables y el de los hombres empeora.

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Con el objetivo de medir el impacto de la temperatura en la productividad a mediano y largo plazo, Alan Hedge, profesor de ergonomía en la Universidad de Cornell, midió durante un mes el desempeño de un grupo de trabajadoras en las oficinas de una aseguradora en Orlando, Estados Unidos. Los resultados mostraron que, cuando la temperatura subió de 20°C a 25°C, los errores de digitación cayeron 44% y la producción de texto aumentó 150%; y por el contrario, en el momento en que la temperatura bajó, el costo laboral por hora y por empleado se incrementó hasta en 10%.

Detrás de esta disparidad hay una explicación fisiológica que se relaciona con que, pese a que la temperatura corporal central es prácticamente idéntica entre ambos sexos, el cuerpo femenino tiende a concentrar el calor en los órganos internos y a enfriar más rápido la piel y las extremidades, mientras que el cuerpo masculino lo libera de forma más constante hacia el exterior. A esto se suma que, en promedio, las mujeres tienen una tasa metabólica basal más baja y una mayor proporción de grasa corporal, un tejido que aísla el calor pero no lo genera con la misma intensidad que el músculo.

En Colombia, el diseño de espacios climatizados sigue la Norma Técnica NTC 5316 y, en proyectos certificados Leed, el estándar internacional Ashrae 55-2019, ninguno de los cuales incorpora una variable diferenciada por género. Esto significa que buena parte de las oficinas del país, incluidas las de alta gerencia, donde el uso de aire acondicionado suele ser constante durante toda la jornada, operan bajo el mismo modelo que desde hace más de medio siglo prioriza el confort de un cuerpo estándar masculino.

Tampoco se pueden dejar de lado los efectos del aire acondicionado en la salud. Según advierten especialistas, su uso persistente puede generar diferentes alteraciones en el cuerpo como sequedad de la piel, conjuntivitis, problemas musculares y nerviosos. A su vez, los cambios bruscos de temperatura al pasar del exterior al interior de un edificio climatizado puede dar lugar a mareos y exceso de sudoración.

En el caso de las temperaturas extremadamente frías, las consecuencias se relacionan con algo conocido como sequedad ambiental que, en otras palabras, tiene que ver con los grados de inflamación y los problemas respiratorios (rinitis, faringitis, amigdalitis, laringitis y bronquitis) que se generan en el momento en que el aire frío y poco húmedo ingresa a las vías respiratorias e irrita las mucosas.

Por último, la ciencia ha encontrado que el aire acondicionado funciona como aspersor de hongos, bacterias y virus, especialmente cuando estos dispositivos no reciben un buen mantenimiento. El resultado no es otro que la aparición más frecuente de afecciones gripales y el empeoramiento de episodios de asma, bronquitis, faringitis y afonía.

Al revisar todas estas variables, sale a la luz que ajustar el termostato y revisar los niveles de temperatura en las oficinas no puede considerarse capricho ni cuestión de gustos, sino que debe convertirse en una decisión gerencial que analice el impacto de estos factores en el bienestar, la productividad, la salud y el gasto energético de la compañía. Cerrar una brecha invisible de género en algo tan cotidiano como la temperatura de la oficina podría resultar, al final, en una de las inversiones más simples y rentables que una empresa pueda hacer.

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