La brecha de género que enfrentan las mujeres empresarias al tomar decisiones de crédito
viernes, 18 de septiembre de 2026
Un sondeo de anif reveló que La participación exclusiva de las mujeres en las decisiones de crédito cae de 36,3% en negocios de subsistencia a 11,2% en las empresas medianas
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Poner a andar un negocio desde cero exige hacer de todo un poco: atender al primer cliente, cuadrar las cuentas, negociar con los proveedores y hasta endeudarse a nombre propio para garantizar que haya caja mientras llegan las ganancias. Y aunque esa etapa ‘todera’ tiende a aliviarse cuando llegan más manos, en el caso de las mujeres esa delegación no reparte el poder de decisión de forma equitativa, sino que les resta protagonismo justo en las decisiones sobre el dinero.
Pese a que 46% de las empresas son lideradas por mujeres, esta cifra no siempre se traduce en mayor control. De hecho, cuando se trata de préstamos y acceso al crédito, su participación exclusiva en la toma de decisiones cae 25,1 puntos porcentuales a medida que la compañía se hace más grande.
Según cifras de la Encuesta MiPyme Anif 2025-2026, mientras en los negocios de subsistencia, definidos como aquellos que surgen de la necesidad de completar el ingreso familiar y no de una oportunidad de mercado, la participación de la mujer en gestión de préstamos y acceso al crédito asciende a 36,3%, la proporción va disminuyendo a 30,9% en micro, 27,6% en pequeñas y 11,2% en medianas.
El mismo patrón se repite cuando se trata de definir en qué invertir o qué activos comprar. Allí, la participación exclusiva de las mujeres pasa de 35,3% en empresas de subsistencia a 30,2% en microempresas, 27,6% en pequeñas y 11,1% en medianas, un tamaño de negocio en el que 53,4% de esas decisiones ya se toman de forma conjunta entre hombres y mujeres.
Frente a esto, Mónica Botina Faiffield, auditora general de Banco W, explicó que el reto no está solo en que más mujeres creen o lideren empresas, sino en que su capacidad de decisión también pueda crecer con ellas, teniendo en cuenta que “cuando una organización gana tamaño, las decisiones sobre financiación, inversión y expansión adquieren mayor peso”.
En línea con ese punto, recalcó que es importante generar condiciones para que las mujeres mantengan una participación activa en esos espacios y puedan seguir avanzando hacia posiciones de mayor liderazgo.
Ahora bien, no todo indica que ellas ceden el control por decisión propia, teniendo en cuenta que el sistema financiero también les pone trabas: un estudio del BID Invest, que comparó compañías con perfiles de riesgo y características similares (ventas, sector, región), encontró que aquellas que pertenecen a mujeres obtienen sistemáticamente peores condiciones de préstamo.
A su vez, son rechazadas con mayor frecuencia, obligándolas a usar productos de crédito menos atractivos en lugar de préstamos de capital de trabajo. La investigación también reveló que esa desventaja ocurre incluso pese a que las mujeres cancelan sus compromisos financieros igual o mejor que los hombres, lo que descarta el riesgo como explicación de fondo.
Pero no solo eso. El Estudio Experimental de Género de Banca de las Oportunidades y CAF, evidenció que el monto promedio desembolsado a las mujeres es cerca de $1 millón menor que el de los hombres; al mismo tiempo que las tasas de interés que reciben son alrededor de un punto porcentual más altas.
Con respecto a las razones que generan esta brecha, la investigación detectó sesgos cognitivos en los propios asesores de crédito, quienes tienden a asociar a las mujeres con un perfil de ingresos bajos y un score crediticio alto, y a los hombres con la relación inversa.
Barreras como estas, relacionadas tanto con la forma en que los bancos evalúan las solicitantes como en la manera en que las mujeres se relacionan con el sistema financiero, explican por qué su participación exclusiva se reduce justo cuando las empresas necesitan montos de crédito más altos y sofisticados.
Una tendencia que se extiende
Según el sondeo de Anif, la pérdida de control de las mujeres no solo se da en el área financiera, sino también en cualquier otra decisión que afecte el rumbo del negocio. Por ejemplo, en la gestión y administración general, ellas concentran la mayoría de las decisiones en los negocios de subsistencia, con una participación de 37,9%; pero, en las medianas, ese liderazgo exclusivo se diluye hasta el punto de que 57% de esas decisiones ya se toman de forma mixta.
Algo similar ocurre con la contratación de personal y las negociaciones con clientes o proveedores, donde aproximadamente una de cada tres empresas de menor tamaño deja esas decisiones en manos de una mujer, a diferencia de 61% de las medianas que ya las reparte entre ambos géneros.
El panorama tampoco cambia en la representación legal, debido a que las mujeres figuran como cabeza en 52,5% de los negocios de subsistencia, una cuota que baja a 46,7% en las microempresas, repunta ligeramente a 48,1% en las pequeñas y cae a 37,4% en las medianas.
No obstante, esa pérdida de protagonismo no coincide con un rezago en preparación: con base en datos de Confecámaras, sale a la luz que 65% de las mujeres al frente de una empresa cuenta con educación superior y 35% estudió carreras Stem.
En esa línea, Daniela Konietzko, presidenta de la Fundación WWB Colombia y miembro de la junta directiva de Banco W, resaltó que las mujeres que ya ocupan espacios de decisión tienen también un papel en abrir camino para otras empresarias.
“Quienes participamos en juntas directivas debemos mantener el compromiso de pensar en otras mujeres, en las que están a nuestro lado y las que vienen detrás, para que los resultados logrados generen una cultura que ayude a cerrar brechas y motive a muchas más a participar y desarrollar su liderazgo”, enfatizó Konietzko.
El reto, entonces, no es solo que más mujeres hagan empresa, sino que logren mantener injerencia en ellas a medida que crecen, algo que hoy no ocurre: mientras más grande y rentable se vuelve un negocio, menos decide la mujer que lo empezó.
Casi ninguna empresa liderada por una mujer llega a ser mediana
De acuerdo con cifras de Confecámaras, aunque 33% de los negocios que logran crecer y avanzar en el país tienen a una mujer como representante legal, hasta 97% de esas compañías siguen siendo microempresas y y apenas 0,4% llega a ser mediana o grande, justo el segmento donde su participación en las decisiones es más baja. A eso se suma que solo 9% de esas empresas está constituida como sociedad, una figura jurídica que suele traer consigo más socios, más juntas y, con ello, más manos repartiéndose el poder de decisión.