Laboral

La demanda por habilidades de inteligencia artificial creció 11 veces desde 2022

Gráfico LR

La fluidez para trabajar con herramientas de inteligencia artificial es una de las capacidades que más ha ganado terreno en el mercado laboral

Karen Valentina Mora Aguilar

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La inteligencia artificial no solo está transformando la forma en que se realizan los trabajos, sino también las habilidades que buscan las empresas. Un análisis del McKinsey Global Institute encontró que, entre 2022 y 2026, la demanda por fluidez en IA, la capacidad de trabajar de manera efectiva con herramientas y sistemas inteligentes, aumentó cerca de 11 veces en los trabajos analizados en Estados Unidos.

El crecimiento también se observa en habilidades relacionadas con la capacidad de los trabajadores para adaptarse a los cambios tecnológicos. La demanda por adaptabilidad aumentó cerca de cinco veces en ese periodo, mientras que la disposición para aprender, la resiliencia y la curiosidad prácticamente se triplicaron.

El informe agrupa las capacidades que pueden ampliar las oportunidades laborales en tres categorías: habilidades esenciales, habilitadoras y de empoderamiento. Las primeras son requeridas en una amplia variedad de ocupaciones e incluyen competencias como resolución de problemas, liderazgo, comunicación interpersonal, gestión de personas y procesos y orientación al detalle.

Las habilidades habilitadoras, por su parte, son transferibles entre diferentes ocupaciones y están concentradas en trabajos con mayores niveles de remuneración. Entre ellas aparecen la innovación, la capacidad de influir en otros, la toma de decisiones, la colaboración y el pensamiento crítico.

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Según el análisis, más de 75% de las ocupaciones en Estados Unidos demandan habilidades esenciales, mientras que las ocupaciones que requieren habilidades habilitadoras registran un salario promedio superior a US$83.000.

La tercera categoría corresponde a las habilidades de empoderamiento, que están cobrando mayor relevancia a medida que cambia la naturaleza del trabajo. Además de la fluidez en IA, este grupo incluye disposición para aprender, resiliencia, adaptabilidad y curiosidad.

El punto, según McKinsey, es que la capacidad de trabajar con inteligencia artificial no debería entenderse como una habilidad que se aprende una sola vez. A medida que evolucionan las herramientas y tecnologías, los trabajadores necesitarán continuar desarrollando nuevas capacidades para mantenerse vigentes.

Esto también cambia la manera en que se entiende la movilidad laboral. Las transiciones entre empleos suelen producirse entre ocupaciones que comparten una base de habilidades, en lugar de saltos hacia trabajos completamente diferentes. Por eso, contar con capacidades transferibles puede ampliar las opciones de los trabajadores y facilitar el paso hacia otras funciones.

El informe advierte, sin embargo, que no todos los trabajadores parten de la misma posición. Las personas que se desempeñan en trabajos de menor remuneración, altamente especializados o centrados en tareas de ejecución pueden tener menos habilidades transferibles hacia ocupaciones de mayor crecimiento o salario, lo que puede hacer necesario recurrir a procesos de capacitación, adquisición de credenciales o reconversión laboral.

En este escenario, las empresas también enfrentan el reto de reconocer mejor las capacidades que ya tienen los trabajadores. McKinsey plantea que procesos de selección basados en habilidades, con criterios de entrevista estructurados y evaluaciones prácticas, pueden ayudar a identificar talento que podría quedar oculto cuando la contratación depende únicamente de señales tradicionales.

Así, el cambio impulsado por la inteligencia artificial no se limita a aprender a utilizar nuevas herramientas. La capacidad de aprender, adaptarse y desarrollar nuevas competencias de manera continua empieza a convertirse también en un activo para permanecer y avanzar en un mercado laboral en transformación.

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