La insana obsesión de los seres humanos con ganar

Tony Schwartz

Es imposible dejar de admirar la disciplina y gracia exhibida por los campeones olímpicos de Londres. Aun así, hay algo en su implacable énfasis en ganar que me hace sentir profundamente inquieto.

No se puede dejar de sentir congoja cuando un atleta olímpico se queda a centímetros de ganar el oro. ¿Pero este fracaso los hace un poco menos dignos de nuestra admiración? ¿Los ganadores son distintos a los perdedores en alguna forma significativa?

Para ser claro, no soy fanático con aquellas competencias para niños donde todo mundo gana una medalla sólo por participar. Simplemente , con este tipo de ejemplos quiero sugerir las diversas limitaciones de la mentalidad de “el ganador se lleva todo”, no sólo en las Olimpiadas, sino en nuestra cultural general.

¿Cómo podemos redefinir la victoria para que haya más formas de alcanzarla y que sea más satisfactoria?

Algunas sugerencias:
Primero, los ganadores son personas que invierten en esfuerzo, perseveran y se vuelven mejores en lo que hacen – independientemente de si ganan algo o no.
Segundo, Los ganadores tienen metas y reconocen que la verdadera satisfacción viene de la experiencia cotidiana de avanzar hacia éstas.Tercero, los ganadores son personas que no temen a perder y aprenden y crecen después de una derrota.
Cuarto, los ganadores usan sus habilidades. Esto no sólo es para formar su propio valor, sino que también sirve para agregar valor al mundo para retribuir y pagar por adelantado.
Lo que los ganadores reconocen, sobre todas las cosas, es que la meta máxima nunca es vencer a un oponente o demostrar algo a los demás. Al contrario, el principal objetivo es comprender más plenamente su propio potencial, cualquiera que sea.

Errores más comunes sobre la victoria
La búsqueda de cualquier meta desafiante normalmente es larga y difícil, pero los placeres de la victoria normalmente tienden a ser fugaces. Como lo puede atestiguar cualquier apostador, se sufre más al perder que lo que se goza al ganar. El problema es que hemos definido la victoria de tal forma que promete mucho más de lo que puede dar. Presionamos a los niños que muestran el menor dejo de talento para que se enfoquen en un deporte – y sacrificamos sus cuerpos _, para que eventualmente puedan hacerse campeones. Decimos a los adolescentes que la clave del éxito es entrar a una universidad de primera, pese a que hay cientos de escuelas donde se puede recibir una excelente educación.