La inteligencia artificial abre una nueva grieta de confianza entre los compañeros de trabajo
viernes, 18 de septiembre de 2026
La falta de reglas sobre la tecnología generativa está causando incertidumbre entre los trabajadores por el desconocimiento de los límites internos
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La inteligencia artificial está creando una nueva problemática de confianza dentro de las empresas. La discusión ya no es simplemente si los trabajadores confían en ChatGPT, Copilot o Gemini, sino si confían en que sus compañeros están haciendo realmente el trabajo que dicen hacer o si algún sistema lo está realizando por ellos.
Sería ingenuo pensar que la inteligencia artificial ha llegado a todos los rincones de la vida de las personas, menos al trabajo. Y ahí radica una paradoja, y es que cada vez más empleados recurren a estas herramientas, pero admitirlo puede salirles caro en términos de reputación.
Así lo sugiere un estudio publicado en la revista Organizational Behavior and Human Decision Processes. Se realizó una investigación con base en 13 experimentos y más de 5.000 participantes, los autores hallaron que quienes reconocían haber usado algún programa de inteligencia artificial en su trabajo, eran percibidos como sistemáticamente menos confiables que quienes no lo hacían.
El patrón se repitió en distintos tipos de tareas y entre diferentes grupos de evaluadores, lo que sugiere que no se trata de un sesgo puntual, sino de una tendencia consistente. Según los mismos investigadores, parte de la explicación está en cómo se interpreta el trabajo asistido por IA, porque para quien lo recibe, puede parecer menos auténtico o menos legítimo, incluso cuando su calidad es equivalente a la de un trabajo hecho sin esa ayuda.
Esa incertidumbre se agrava por la falta de reglas claras dentro de las organizaciones. Según una encuesta de Deloitte realizada entre junio y agosto de 2024 a más de 30.000 consumidores y empleados en donde 23% de los trabajadores que usan inteligencia artificial generativa afirmó que su empresa no tiene ninguna política ni orientación definidas sobre el uso de estas herramientas en el trabajo.
Este estudio también mostró que el uso personal de dichas herramientas sigue siendo mucho más frecuente que el uso laboral, lo que sugiere que buena parte de las empresas aún no ha definido qué está permitido y qué no dentro de sus equipos. Ese vacío normativo convive, además, con un uso que muchas veces ocurre a espaldas de los jefes directos.
En Holanda, por ejemplo, la misma encuesta de Deloitte encontró que un tercio de los empleados que usan estas herramientas lo hace al menos una vez por semana, tanto para fines personales (32%) como laborales (35%). Este es un dato que no está necesariamente atado a una autorización formal de la organización.
Lo que emerge de estos datos es un escenario incómodo: la tecnología avanza más rápido que las normas que deberían regularla, y en ese vacío, cada trabajador decide por su cuenta cuánto revelar sobre cómo hace su trabajo. Mientras las empresas no cierren esa brecha, la pregunta de fondo seguirá abierta y es que no es solo si la IA hace bien el trabajo, sino si admitir que la usamos nos hace parecer menos capaces.