La moda de la felicidad

Un empleado pasa un tercio de su vida en el trabajo

Rodrigo Ferro Ruiz

La felicidad está de moda. Si revisa LinkedIn podrá comprobarlo: decenas de peticiones de charlas, cursos y conferencias sobre felicidad. Cientos de oferentes con mayor o menor grado de conocimiento sobre el tema.
Si vamos a la definición del término en la RAE encontramos que tiene tres acepciones: un “estado de grata satisfacción espiritual y física”, la “persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz” y la “ausencia de inconvenientes o tropiezos”.

Revisemos y contrastemos con lo que ocurre en la empresa promedio. Si la felicidad es espiritual y física, las empresas interesadas en que sus empleados sean felices deberían estar pensando en tal dirección. Si revisamos, sin duda el tema físico ha sido importante desde hace un tiempo: mobiliario, iluminación, accesos. Algunas compañías van más allá y han complementado esta oferta con espacios adicionales como cafeterías amplias con productos libres, gimnasios, etc.

Si revisamos el tema espiritual la cosa no pinta tan bien. Por alguna razón, opino que por tradición, las empresas no han cuidado mucho ese aspecto. Es como si la mayoría declarara “aquí vienes es a trabajar y nada más”, desconociendo varios aspectos importantes: 1. que el empleado promedio pasa un tercio de su vida en el trabajo (al menos); 2. que la persona es una sola, es decir, no es una la que trabaja y otra la espiritual; y 3. que las personas con mentalidad de siglo XX se están retirando de las empresas dando paso a millenials y a algunos centennials.

Sigamos. La RAE dice claramente que la felicidad no sólo es interna. Hay una contribución de factores externos. Contrastemos entonces tipos de gerencia: por un lado están los gerentes exageradamente orientados al logro que, sin inconveniente, contribuyen más a la infelicidad de sus empleados; para ellos lo importante es el resultado y no importa qué tengan que sacrificar en el proceso (debo decir que es una visión del siglo antepasado).

De otro lado están los gerentes que, falsamente, creen que los perks que ofrecen a sus empleados son suficientes para generar compromiso (engagement) descuidando el clima laboral y aspectos relacionados como planes de carrera y crecimiento personal.

Finalmente, donde más se ven barreras es en la tercera acepción, pues un trabajo sin inconvenientes, tropiezos, problemas, es prácticamente imposible de encontrar. ¿Cuál es el fondo en este punto? Que esos problemas, inconvenientes o tropiezos ya son suficientes como para que un gerente decida exponenciarlos. Un jefe puede hacer insostenible la carga si no ofrece soluciones sino que potencia la percepción de debilidad o incapacidad para resolverla o sortear un obstáculo.

Como la felicidad está de moda, algunos gerentes (incluidos de recursos humanos) tratan de sensibilizar a su gente con charlas, conferencias y sistemas similares. La cuestión es si, mientras tanto, están pensando en por qué la gente, su gente, no está feliz en el trabajo. Pareciera que creen, con fe de carbonero, que una charla motivacional va a devolver la felicidad a sus empleados o va a cambiar la tendencia de pesimismo o la percepción de que el trabajo es duro pero “soportable”.

Malas noticias. La fuente de la felicidad no está allí. Si quiere realmente empezar a trabajar en el tema: 1. mida el clima laboral más allá de una encuesta; 2. analice esos resultados con humildad y reconozca qué ha estado haciendo mal; 3) inicie un plan de endomarketing serio y de largo plazo porque la felicidad no se inyecta.

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