Posgrados para un país que transforma
viernes, 6 de marzo de 2026
La educación posgradual debe ser integral, que desarrolle el pensamiento crítico, la ética, la empatía y el liderazgo; el país requiere profesionales que, además de ser competentes, sean buenos ciudadanos
José Manuel Restrepo Abondano
La educación posgradual representa una oportunidad para el desarrollo social y económico de quienes continúan sus estudios posteriores a su pregrado y, si tomamos en cuenta la velocidad a la cual está evolucionando la tecnología, es una manera de mantener el conocimiento a la vanguardia.
Si tomamos en cuenta las dinámicas laborales, los posgrados son un vehículo muy importante para mantenerse como un profesional empleable.
Cada persona puede tener motivaciones diferentes para estudiar un posgrado, que pueden ser diferentes al interés netamente académico, y van desde la profundización en un área de conocimiento de su formación inicial, pasando por quienes quieren reorientar su carrera profesional hacia otras áreas, hasta quienes quieren actualizarse en los avances tecnológicos y mejorar su perfil de empleabilidad. En cualquier caso, el estudio de posgrado abre oportunidades al profesional al establecer redes de contactos, fortalecer o desarrollar competencias y prepararse para un futuro retador.
De acuerdo con los datos del Observatorio Laboral para la Educación, la formación posgradual tiene también un efecto en los ingresos del profesional, que van desde 3 Salarios Mínimos Mensuales Legales Vigentes, Smmlv, para los graduados de especialización, rangos de 4 a 4,5 Smmlv para magíster y de 7 a 8 Smmlv para doctores.
Las especializaciones médico-quirúrgicas son las mejor remuneradas, con salarios que superan los 8 Smmlv. Las ofertas laborales publicadas en diferentes portales para cargos ejecutivos, cada vez más, exigen perfiles profesionales con formación posgradual.
Las microcredenciales, las certificaciones y los cursos cortos son hoy en día otra opción para ajustar los perfiles profesionales a las tendencias en empleabilidad. Frente a esta realidad, las universidades debemos repensar el diseño de nuestros programas para que incorporen el rigor académico e investigativo, pero que al mismo tiempo ofrezcan flexibilidad, pertinencia y conexión con las industrias. Para lograr esto, es importante transformar los currículos, permitir a los estudiantes tener rutas de formación personalizadas, con metodologías activas de enseñanza-aprendizaje y que usen la tecnología como una herramienta para mejorar el aprendizaje, en lugar de pelear con ella. Es el momento para que la academia y el sector productivo profundicemos alianzas para mejorar la pertinencia, para preparar mejor a nuestros estudiantes en las competencias socio-humanísticas que se esperan de un líder hoy en día.
La educación posgradual debe ser también una educación integral, que desarrolle el pensamiento crítico, la ética, la empatía y el liderazgo. El país requiere profesionales que, además de ser competentes, sean buenos ciudadanos, comprometidos con el bien común y que sean capaces de liderar procesos de transformación económica, ambiental y social en el país.
El futuro de la educación posgradual es optimista. En los últimos años, se han creado programas en áreas de alta demanda laboral, como las tecnologías emergentes: fintech, inteligencia artificial, internet de las cosas, economía circular y big data, entre otras. Así, las universidades están atendiendo las necesidades del entorno.
Creo que los posgrados nos ayudan a transformar nuestra sociedad y nos orientan hacia un país con mayor innovación y más sostenible.
La oferta académica debe alinearse con los retos de un futuro que cada vez nos llega más rápido, con programas conectados con las necesidades reales del entorno y atendiendo los problemas específicos que se presentan en nuestro contexto.
La educación posgradual, al final de cuentas, prepara a los líderes del país que queremos construir.