Resiliencia, un factor clave para superar los obstáculos

Fernando Albán Díaz del Castillo

La palabra resulta extraña y poco familiar, pero el concepto existe desde el año 1972, a partir de los estudios realizados por los psicólogos Suzanne Kobasa y Salvatore Maddi, que en distintas publicaciones se refirieron a la mayor y menor capacidad que tienen los seres humanos de sobreponerse a las pérdidas y fracasos que sufren a lo largo de la vida.

Quienes tienen o desarrollaron una alta resiliencia, son personas capaces de reconstruir emporios quebrados, renacer de las cenizas y volver a empezar. Por el contrario, quienes tienen una muy baja resiliencia, son personas que se frustran ante a las dificultades y adversidades que encuentran a lo largo de la vida y que pierden con facilidad su espíritu de lucha.

En un mundo tan competido como el actual, encontrar colaboradores optimistas, que en todo momento irradia en entusiasmo y energía positiva, así las cosas no hayan salido tan bien como se esperaba, es muy importante para mantener en alto el espíritu de grupo, corregir los errores, crear nuevas estrategias y seguir adelante. Es lo que viven a diario los directores técnicos de los equipos deportivos al ser derrotados. Lo más fácil para ellos sería renunciar y buscar otro equipo, pero no, salen de la derrota a trabajar más fuerte, a plantear nuevos esquemas y a motivar más a sus jugadores, para conseguir el triunfo por el que están luchando.

Los psicólogos de selección tiene muy clara la importancia de la resiliencia al hacer sus evaluaciones; camuflada entre tantas preguntas, al candidato siempre se le solicita comentar qué es lo más difícil que ha tenido que afrontar en la vida y, lo que es más importante, cómo lo superó. Las respuestas que se den a estas dos preguntas, puede ser determinantes del resultado del proceso, pues quien ha vivido sin dificultades y no se ha enfrentado a la adversidad o sigue sumido en un fracaso anterior, puede no ser el luchador incansable que requiere la empresa.

Todos sabemos que se aprende más de los errores y fracasos que de los triunfos; pero las empresas y los jefes olvidan muy pronto esta lección y por lo general tienden a despedir a quien arruinó un proyecto o cometió un costoso error. Lo que el empleado aprendió de esa experiencia, no tiene precio; y si logra sobreponerse y encontrar soluciones creativas al problema generado, pues se estará frente a un recurso al que vale la pena darle una segunda oportunidad. Claro, si la empresa lo deja, se expone a que el empleado cometa otros errores, pero seguro no volverá a cometer el mismo.

Preocupa mucho entonces, la baja tolerancia al fracaso que presentan las nuevas generaciones, tal vez como consecuencia de padres sobre protectores que hicieron cuanto estuvo a su alcance para evitarle el sufrimiento a los hijos; a que trataron de llenar el vacío de su ausencia con un sí a toda demanda, e incluso al hecho de haber crecido bajo la magia de los computadores, que responden de manera casi inmediata a lo que el muchacho solicita, con solo oprimir la tecla ENTER.

Hasta hace un tiempo decíamos que lo único seguro que teníamos en la vida era la muerte; hoy adicionalmente tenemos la certeza de que vamos a vivir en permanente cambio y que todos los días tendremos que adaptarnos a nuevas tecnologías, abandonando la comodidad y seguridad que nos proporciona lo conocido. Cada paso hacia el futuro requiere del desprendimiento de una parte de nuestro pasado y por consiguiente de una mayor resiliencia para podernos convertir en los abanderados del cambio que necesariamente llegará.

El peso de la vida personal en el desempeño laboral
La capacidad de sobreponerse trasciende el mundo empresarial y se enfoca principalmente en la vida personal de cada individuo que hoy, más que nunca, se enfrenta a cambios, pérdidas y fracasos, que pueden afectar su desempeño laboral. Entre mayor sea la capacidad que este tenga para sobreponerse, pasar la página y seguir adelante, más rápido retomará el ritmo y la motivación por sus actividades.