Analistas 25/10/2022

¿Eco salones de belleza?

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

Las buenas prácticas económicas, ecológicas y sociales están presentes en todas nuestras interacciones. Gracias a ellas hablamos de que un negocio, una organización o un consumidor sea sostenible. No solo es un tema de máquinas y equipos eco eficientes de alto costo, la sostenibilidad muchas veces es una decisión que está en nuestras manos y presente en cada uno de nuestros actos.

Conscientes de esto, muchas personas vienen modificando sus hábitos de consumo, buscando que cada interacción con un servicio o mediante la adquisición de un producto que se impacte lo menor posible al planeta y la sociedad.

La belleza y la vanidad no son ajenas a esta realidad, muchas personas, en especial, las mujeres se ven afectadas por el dilema de usar productos cosméticos producidos por economías o emprendimientos locales para evitar la huella de carbono pero también para evitar aquellos que testean en animales o que son elaborados por personas en condiciones de desigualdad de género, salario o edad propios de economías lejanas que explotan algunos grupos sociales. Es clave entender que en nuestro país la oferta de este tipo de productos aunque es reducida va en aumento para atender tales demandas.

El nuevo consumidor es consciente del manejo permanente de las tres erres, uno de los principios básicos de la sostenibilidad consistentes en: reducir, reutilizar y/o reciclar.

Por eso cuando decide aplicarlas a todos los entornos de su vida, se convierte en un prosumidor (productor-consumidor) que interactúa de manera colaborativa con las marcas que consume. El prosumidor es aquel usuario que sabe que estamos “en camino de… “ y que por tanto las marcas no son sostenibles 100% , él sabe que éstas requieren de su apoyo y colaboración. Por eso la sostenibilidad se construye día a día a base de buenas prácticas entre consumidores y marcas, entendiendo que no son responsabilidades aisladas y por el contrario son construcciones conjuntas.

Hoy crece en el mundo de la belleza capilar el concepto de salones ecológicos de belleza o eco salones de belleza, yo trascendería un poco más el término eco hacia el sostenible entendiendo que esto encierra otras dos esferas adicionales como lo es lo social y lo económico. Sin embargo, para efectos de este artículo hablaremos de unas buenas prácticas que no implican mucha inversión para los dueños de los salones pero que sin duda les permite ser más competitivos en un mercado que día a día exige mejores impactos en el cuidado del Planeta.

Reducir sin duda es la primera erre a la que debemos acudir a la hora de decidirnos por el camino de la sostenibilidad en un salón de belleza y en este caso, es como administradores resistirnos al uso de materiales perjudiciales para el medio ambiente como los plásticos en la mayor medida de lo posible, evitar el uso de vasos desechables y reemplazarlos por vidrio o papel y pedir a los proveedores de insumos la reducción de envases en los que entregan sus productos. Adicionalmente, evitar a toda costa productos o servicios que atenten contra el trabajo justo y bien remunerado de sus productores.

Posterior a la reducción de productos contaminantes y de dudosas prácticas socio económicas. Se procede con la erre de reutilizar. Lo que pocas personas saben es que en los salones de belleza se encuentra uno de los más apetecidos abonos para huertas y jardines botánicos y es el cabello que resulta de los cortes que se realizan las personas. Resulta que este tipo de “desecho” es un gran fertilizante ya que estimula la actividad de las bacterias en la tierra evitando la aparición de maleza y reduciendo el uso de pesticidas. Insumo totalmente útil para los agricultores ecológicos. La re utilización de empaques, envases y aguas lluvias también pueden ser buenas prácticas en estos lugares.

La tercera erre de la sostenibilidad es el reciclaje. Sin duda, una de las actividades más populares y fáciles de llevar a la práctica a la hora de hablar de un salón de belleza sostenible. Convertir esta práctica en norma a la hora de hacer una correcta disposición de los desechos en estos lugares puede marcar la diferencia.

Sin muchos costos adicionales, un salón sostenible puede optar entre otras prácticas por: rellenar los envases, tener filtros purificadores en lugar de agua en botellas, materiales alternativos al papel de aluminio, disminuir los consumos de agua por goteos o malas prácticas, usar iluminación LED, optimizar el uso de aires acondicionados y calentadores de agua, favorecer la luz natural, menos impresiones, usar electrodomésticos de bajo consumo, productos de aseo naturales y disminuir el uso de papel pueden ser los primeros pinitos para empezar a marcar tendencia dentro del sector y generar una verdadera ventaja competitiva.

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