Analistas 18/08/2026

El peso pesado

Alberto Carrasquilla
Economista y ex ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia

El peso colombiano está bastante fuerte y viene ganando fortaleza desde, al menos, mediados de 2024. El Gráfico 1 ilustra el punto: muestra la evolución mensual de la tasa de cambio real efectiva (Tcre), calculada por el BIS desde 1994, teniendo en cuenta no solo la tasa de cambio nominal, sino los diferenciales de precio y los flujos de comercio entre países.

Pues bien, esa tasa de cambio se relaciona con dos maneras de entender su tendencia de largo plazo: una simple línea recta y una medida dinámica que ajusta los diferentes cambios de régimen. Contra el primero, la tasa está un 18% por encima, contra el segundo, un 10%.

Gráfico LR

Una pregunta fundamental se refiere al grado hasta el cual esta fortaleza es común en el mundo, o si es peculiar a nosotros. Al fin y al cabo, estamos comparando contra el dólar americano y dicha moneda tiene, a su vez, sus cuantas oscilaciones. En concreto, de cara al largo plazo, lo que pasa es que el peso está fuerte o lo que pasa es que el dólar está débil, o acaso se trata de una mezcla? Responder esta pregunta es crucial a la hora de tomar decisiones cuyos efectos financieros van a depender del diagnóstico.

El Cuadro 1 repite este mismo ejercicio para una muestra amplia de países a lo largo del período y sugiere que el caso colombiano actual (Junio es el último dato) es, efectivamente, bastante peculiar, por al menos, dos razones.

La primera razón es el tamaño mismo de la desviación respecto de una medida de tendencia que, como se ve en el Gráfico 1, va ajustándose a los vaivenes de la variable, aproximando, si se quiere, cambios que ocurren en virtud de choques relacionados con diversos factores macroeconómicos, políticos, ambientales y demás que suceden en horizontes de tiempo suficientemente largos. Una desviación de 10% respecto de una medida de esta naturaleza, es muy inusual.

La segunda razón es que también es muy inusual en el contexto histórico del país. En efecto, esta desviación que vivimos hoy día pertenece al 4% mas alto que ha exhibido la variable en estas tres décadas largas, en las cuales ha pasado de todo. Valga recordar que la cifra tampoco es nada común internacionalmente; de hecho solo ocurre --hoy en día-- en Israel y en Noruega.

Gráfico LR

En el Gráfico 2 se presenta otra manera de ver la coyuntura cambiaria. Se trata de una estimación de la desviación del comportamiento del peso colombiano respecto del comportamiento de otras 27 monedas., que incluyen todas las del Cuadro 1, y otras tantas.

La idea es sencilla: las 28 monedas analizadas tienen un componente común cuyos movimientos son estadísticamente similares y otro componente que no lo es. El gráfico muestra la parte en que los movimientos del peso no se han comportado en línea con dichos componentes comunes a los movimientos de todos. Es muy claro que hay una gran historia en los últimos meses de la muestra, cuando la parte “rara” del peso da una vuelta pasmosa. Justo el período en que los apostadores del peso pesado, ganaron mucha plata.

Lo anterior para sugerir dos cosas. La primera, que lo que pasa con el peso no cabe en ninguna definición razonable de “normalidad” ni estadística ni figurativa. Lo segundo, que seguirle apostando al peso pesado, con argumentos como “es la plata ilegal” (que siempre ha habido), “es que estamos de cara a un salto en productividad” (que no se ve en ningún lado), y un largo etcétera, es una decisión cada vez más repleta de ese eufemismo llamado “riesgo a la baja”.

Gráfico LR

El Banco de la República anunció que empezará a actuar en este mercado, ejerciendo, creo yo, el papel de adulto en la guardería cambiaria. Parte importante de volver a la normalidad como país, tras estos años de tan variada paradoja, es volver a un peso, digamos, Welter Junior. Como ese gigante que fue Pambelé.

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