Analistas 13/10/2026

La tal formalidad laboral

Alberto Carrasquilla
Economista y ex ministro de Hacienda y Crédito Público de Colombia
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Uno dice “Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (Pila)” y convida un bostezo inevitable. Sin embargo, más allá de sus importantes funciones administrativas, muchas de ellas inmensamente antipáticas para todo el mundo, lo cierto es que, entre fruño y fruño, los empleadores formales, incluidos los independientes, han venido dejando mes tras mes, por más de dos décadas ya, un registro fundamental de la manera en que se mueve nuestro mercado laboral.

A diciembre de 2025, un mes cualquiera, la Pila constó de unos 13,3 millones de cotizantes a la seguridad social -es decir, trabajadores formales-, más o menos la mitad de nuestra fuerza de trabajo, que el Dane estima en 26,5 millones de personas ese mismo mes cualquiera.

El término “mes cualquiera” es importante porque, como lo ha mostrado recientemente el profesor Sergio Ocampo, un gran economista colombiano hoy en la Universidad de Western Ontario, hay que tener en cuenta que la gente migra desde alguna posición laboral hacia la Pila-formalidad, y migra también desde la Pila-formalidad hacia otra posición laboral. Esa “otra posición laboral” es, obviamente, un eufemismo para decir desempleo, o para decir informalidad.

Las cifras elaboradas por el profesor Ocampo con base en los microdatos de la Pila, que puso en términos agregados a disposición de la gente que las quiera mirar, como el suscrito, son un aporte extraordinario para la discusión sobre nuestro mercado laboral.

El Gráfico 1 muestra la dinámica de estas migraciones. En 2024, por ejemplo, 1,46 millones de personas (11,3%) salieron de la Pila-formalidad y 1,1 millones (8,6%) entraron. Esto muestra que la informalidad, que es un número muy grande en Colombia, no es un estado permanente, sino que cambia de manera muy importante de un año a otro.

El Cuadro 1 muestra el grado hasta el cual esta dinámica es relevante, al ilustrar seis períodos diferentes de cinco años, que empiezan en 2011 y terminan en 2024, y al utilizar las enormes ventajas que brinda contar con esta base de datos longitudinal: podemos seguir a grupos específicos de las mismas personas a lo largo del tiempo. El punto de fondo es que, de cada 10 personas que cotizan algo en un determinado año, solo siete siguen cotizando algo cinco años después. En el mejor de los casos, y esto es una cota superior, permanecen alrededor de ocho de cada 10 entre quienes se podrían catalogar como “cotizantes estables” cinco años antes.

Y cuando digo “cotizando algo” me refiero a otra dimensión muy importante que contiene la información que comento. El Cuadro 2 muestra que, entre los trabajadores que cotizan en un determinado año a la Pila, unos cuatro de cada 10 lo hacen por menos de lo que le correspondería aportar a quien devengase un salario mínimo legal vigente. La formalidad, aunque es una fracción casi constante -y altísima- de la fuerza de trabajo total, es mucho más frágil de lo que yo pensaba. La informalidad es una eventualidad a la vuelta de la esquina para millones de personas que en este momento laboran formalmente en nuestro país.

Entre más miro las cifras y más pienso en las personas de carne y hueso detrás de ellas, más perverso me parece el esperpento del salario mínimo legal vigente que tenemos en Colombia, la politiquería de medio pelo que lo sostiene, dizque para defender la dignidad del trabajo, y más paradójica me parece la inexistencia de un movimiento político que defienda con argumentos serios no solo a la población informal, sino a la población que siente la informalidad respirándole en la nuca.

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mercado laboral - Desempleo - Informalidad