¿Productividad en forma de U?
La productividad laboral de la industria manufacturera colombiana exhibe un desempeño débil en relación con economías comparables. Usando datos de la base Indstat de la Onudi -que mide el valor agregado manufacturero por trabajador en dólares corrientes- entre 2015 y 2022, nuestro país registró un crecimiento acumulado de 11,9%, que es el segundo más bajo entre las siete economías de la muestra (Cuadro 1).
Usando las cifras de la Encuesta Anual Manufacturera (EAM), uno llega a dos conclusiones complementarias que no son muy sorprendentes. Primero, entre más grandes son las empresas, mayor es la productividad de sus trabajadores, medida como el valor agregado -la producción menos el valor de los insumos- en promedio. Cabe esperar, por esta misma razón, que la remuneración promedio de los trabajadores también es mayor en las empresas grandes. Segundo, entre el año 2000 y 2024, la productividad laboral promedio crece a un ritmo relativamente bajo, 0,57% anual en términos reales. El Cuadro 2 muestra las cifras específicas, discriminando por el tamaño de las empresas.
Lo interesante es la evolución del indicador en el tiempo, donde parece haber dos etapas muy claras. La primera etapa, desde el año 2000 hasta 2020 -justamente dos años de crisis-, se caracteriza por una caída secular y generalizada en empresas de todos los tamaños. La segunda etapa, de 2021 a 2023, muestra un rebote muy importante y también generalizado. Es decir, el indicador exhibe la forma de una U: cayendo durante muchos años y subiendo al final, hasta superar, en la mayoría de los casos, su nivel inicial. En el agregado, el salto de la productividad es de 56,8%, oscilando entre 37,2% en el caso de las empresas grandes y 69,3% en las empresas micro. Aunque en 2024 esta tendencia se revierte, lo hace en una escala relativamente moderada: el indicador es significativamente más alto que el observado en 2020 y conviene esperar los datos de 2025, que conoceremos en diciembre, para ver si la tendencia ascendente se revirtió o no. Mientras tanto, vale la pena plantear hipótesis.
Hay dos que me parecen interesantes. La primera: la apreciación real de la década de 2000 desplazó recursos hacia sectores no transables y erosionó la dinámica manufacturera en su conjunto, especialmente en las más expuestas internacionalmente, es decir, las más grandes. La segunda: en Colombia, las plantas ineficientes sobreviven protegidas por barreras normativas o facilidades financieras, mientras las plantas productivas no crecen lo suficiente para jalar el promedio hacia arriba, un mecanismo documentado para Colombia en un estupendo trabajo -en mora de actualización- de Marcela Eslava y coautores.
En esa línea argumental, el rebote de 2021-2023 tendría una especie de efecto composición: la contracción macroeconómica proveniente del covid podría haber abierto la posibilidad de reemplazar o reentrenar trabajadores menos productivos y mejorar las prácticas productivas mismas, elevando de esta manera la productividad media del conjunto de los trabajadores que llegaron y/o los que permanecieron.