¡Feliz cumpleaños, EE.UU.!
Mis papás se conocieron en tercer o cuarto semestre de la universidad, cuando ambos estudiaban Medicina en la Universidad Nacional. Mi papá era un año mayor que mi mamá, pero mi tío materno, Jorge León, era compañero de curso de mi papá, pues apenas diez días separan sus respectivos cumpleaños. Mi papá se enamoró de mi mamá desde la primera vez que la vio y entiendo que, gracias a mi tío Jorge, eventualmente la conoció en una fiesta o algo similar.
Como mi abuelo paterno era el médico de la Casa de Nariño durante esa época, le regalaban boletas para asistir a funciones en el Teatro Colón. Entiendo que mi papá recogía cada viernes a mi mamá y la llevaba a las funciones de ópera o de lo que hubiera esa noche en cartelera. Eventualmente, la vida los llevó a ambos a Nueva Orleans, donde hicieron sus respectivas especializaciones: mi papá en Cardiología y mi mamá en Neurología. Se casaron en 1972, si la memoria no me falla. Y en 1974 nací yo, el segundo de sus hijos.
Volvimos a Colombia, pero la violencia nos sacó del país en 1992. Desde entonces he vivido intermitentemente en este gran país que tanto me ha dado. Los Estados Unidos de Norteamérica cumplieron 250 años el sábado pasado, una celebración que merece toda la pompa, ya que la unión norteamericana es la unión imperfecta más perfecta jamás construida en este mundo. Los padres de la patria de EE.UU. lograron algo que ningún otro país ha conseguido: crear una nación que se rige por una Constitución que aún hoy solo tiene 27 enmiendas; al inicio del proceso de creación de la nación eran apenas diez.
Después de haber vivido tantos años en este país, me ha quedado claro que la “simplicidad” de la Constitución es la mayor razón por la cual este país es, por mucho, el más próspero de la historia. Y la simplicidad de la Constitución de EE.UU. tiene un hermano que convive a diario con ella: la libertad. Estados Unidos es la máxima confirmación de que la libertad es el mayor predictor del éxito de una nación y de que la intromisión del Estado es el mayor predictor de la debacle económica y social.
He sido muy bendecido en esta vida. La vida y este país me han dado todo el espacio para crecer y realizar mis sueños, y afortunadamente mis papás me educaron de una forma que coincide perfectamente con los valores de este país. En mi casa nunca se sintió la envidia y lo único que se exigió fue la responsabilidad personal y un respeto absoluto por la ética; en mi casa jamás se tomó un atajo. Y la belleza de Estados Unidos es que está hecho a la medida de las personas que no tomamos atajos, sino que aceptamos que para avanzar en esta vida hay que trabajar arduamente y con ética. Esa educación y el esfuerzo me permitieron cumplir mi sueño: llegar a Wall Street. Conservo aún una foto que me tomó mi papá hace como 35 años en Wall Street, el día en que le dije que mi sueño era trabajar ahí. Me contestó: “Trabaja duro para lograrlo”.
La sencillez y la lógica del sistema político-económico de EE.UU. le han permitido consolidarse como la sociedad más exitosa de la historia de la humanidad. EE.UU. es el país que más riqueza ha creado en la historia, el que más premios Nobel ha obtenido, el que tiene las mejores universidades, los mejores mercados financieros, la mayor diversidad, la moneda más importante del mundo, la fuerza militar más poderosa, el mayor productor de energía, el mayor número de patentes y el mayor generador de cultura moderna.
El progresismo latinoamericano odia a EE.UU. porque piensa que es un país cuyo motor es la “codicia”, como dice a diario el adicto a los alucinógenos Gustavo Petro. Petro no se equivoca del todo. Lo que pasa es que piensa que la codicia es un pecado, y no lo es. Los que hemos entendido el sistema norteamericano sabemos que la caridad comienza por casa y que, cuando todos los padres entienden que primero vienen los suyos, por inercia la sociedad avanza y crea riqueza y convivencia social. El día en que los líderes de izquierda entiendan lo que los norteamericanos llevan comprendiendo durante 250 años, se acabarán la pobreza y la violencia en nuestro continente.
¡Feliz cumpleaños, EE.UU.! ¡Que sean muchísimos más!