Pues porque es nuestro gobierno...
El viernes pasado grabamos un programa de perspectivas políticas con la mesa de analistas de “Vélez Por La Mañana”. Este espacio digital, que creó LCV hace un año, se ha convertido en el programa de vanguardia política del fin de semana en Colombia, al menos a juzgar por el nivel de engagement que hoy demuestra. Obviamente, en el programa del viernes nos enfocamos en el tema del momento: las elecciones. En algún momento abordamos la cuestión de si el candidato comunista Iván Cepeda había llegado a su techo. Yo argumenté que sí, pero dos de mis colegas sostuvieron que no necesariamente.
El argumento que presentó uno de mis colegas analistas me llamó mucho la atención. Contó una interacción que había tenido con un mesero en un restaurante hace unos días, a quien le había preguntado por quién pensaba votar. El mesero le contestó que no había decidido, pero que era probable que votara por Cepeda, porque “hoy me está yendo mucho mejor que antes, el bolsillo se siente mejor. Muchos dicen que votar así en el largo plazo quizás sea un error, votar por Cepeda, pues, pero hoy estoy mejor que ayer”. La realidad es que ese argumento es muy difícil de rebatir, porque el gobierno de Petro sí ha logrado generar un sentimiento de mayor riqueza dentro de los estratos más bajos de la sociedad, así quienes nos enfocamos en el mediano plazo entendamos que lo que hace Petro es totalmente insostenible. Y, valga decir también, hay gente de buenas y el señor Petro. El auge de la minería ilegal y el narcotráfico, combinado con los niveles récord de remesas que se están viendo y la impresionante bonanza cafetera que se ha registrado, le han ayudado a Petro a mantener la macroeconomía relativamente estable, a pesar del nivel de irresponsabilidad fiscal e institucional que su gobierno ha demostrado.
También creo que hay un componente muy relevante dentro del votante de izquierda, extrema y moderada, del “me importa un bledo que en este gobierno roben, porque todos roban, pero este es de los míos, entonces yo acá me quedo”. Estoy convencido de que mañana le podrían sacar un video a Cepeda fusilando a alguien y su popularidad no caería. Porque acá hay un componente muy importante de venganza, o de “este es nuestro momento, no el suyo”.
El ambiente político de hoy en Colombia me hizo recordar un servicio de taxi que tomé hacia octubre de 2018 en la Ciudad de México. López Obrador acababa de ganar las elecciones presidenciales y el flamante presidente había llamado a una consulta popular para decidir si se mantenía la obra del nuevo aeropuerto de la CDMX, el famoso NAIM, en Texcoco. AMLO les decía a sus votantes que votaran no por el nuevo aeropuerto, porque esa mole de cemento iba a afectar unos pantanos y la ruta de migración de las aves hacia el norte. El taxista me dijo que efectivamente iba a votar en contra de continuar la obra, que ya estaba en 35% de avance.
Me tomé el tiempo de explicarle al señor que, si México modernizaba su infraestructura aeroportuaria, muchos más turistas iban a visitar el país, que habría más inversión, que habría más trabajo para la gente porque se requerirían más hoteles y más carreras de taxi, etcétera. El señor me oyó y, acto seguido, me dijo, textualmente: “Muchas gracias por sus comentarios. Es claro que usted, tipo elegante y estudiado, sabe más que yo, un humilde taxista. Y seguramente usted tiene razón en lo que dice. Pero no me importa, porque ustedes, los ricos, llevan 200 años equivocándose por nosotros, los pobres, y ya viene siendo tiempo de que nosotros, los pobres, tengamos la capacidad de equivocarnos por nosotros mismos”. De acá a las elecciones no vamos a cambiar el pensamiento del votante de Cepeda. Por lo tanto, lo que nos queda es entender que, si el antipetrismo se une, podemos evitar que el país se vaya para el carajo del todo. Dios mediante, los pirómanos dentro del antipetrismo le bajan de acá en adelante. O nos unimos o nos hundimos.