Analistas 05/10/2019

El futuro de las empresas

Aldo Civico
Antropólogo y estratega de liderazgo

¿Qué responsabilidad tienen hoy las empresas frente a los grandes desafíos globales? ¿Qué papel pueden jugar para encontrar soluciones adecuadas que nos permiten seguir prosperando? Estas preguntas no son superfluas, sobre todo considerada la incapacidad y la insuficiencia de la política para ofrecer respuestas satisfactorias frente a los desafíos globales.

Este año, Laurence D. Fink, presidente y director ejecutivo de BlackRock, el administrador de activos más grande del mundo, escribió su carta anual a sus directores enfocando su intervención en la responsabilidad que las empresas tienen hoy en día. Del mundo actual, Fink describe un cuadro honesto y abierto. Habla de un panorama global frágil “susceptible a las conductas de corto plazo de las corporaciones y los gobiernos”, evidencia el decaer de la confianza, reconoce la ira de la población, el nacionalismo, y la xenofobia como consecuencias de salarios estancados, los efectos de la tecnología sobre el trabajo, y la incertidumbre hacia el futuro. Además, resalta una desgarradora disfunción política y admite que la confianza en el multilateralismo y las instituciones oficiales se está derrumbando. Frente a esta situación, acepta que la sociedad está esperando cada vez más que las compañías aborden asuntos sociales y económicos apremiantes. La presión que la sociedad, sobre todo a través de las redes sociales, está ejerciendo, es cada vez más grande.

Por eso, dice Fink, las empresas ya no se pueden eximir del ser guiadas por un propósito superior, que vaya acompañado por la necesidad de la rentabilidad. Vale la pena leer lo que Fink escribe a sus directores: “cuando una compañía comprende verdaderamente y expresa su propósito, funciona con el enfoque y la disciplina estratégica que impulsa la rentabilidad a largo plazo. El propósito unifica a la administración, los empleados y las comunidades. Impulsa la conducta ética y establece un control fundamental sobre las acciones que atentan contra los mejores intereses de los stakeholders. El propósito guía la cultura, entrega un marco de acción para la toma de decisiones coherentes y, sobre todo, ayuda a mantener el rendimiento financiero a largo plazo para los accionistas de sus compañías”. Es decir, estrategia, propósito, y cultura organizacional tienen que ir de la mano.

Lograr esta coherencia requiere un liderazgo inteligente y consciente, que mire a largo plazo. De hecho, es en la habilidad de comunicar y vivir un propósito que las empresas lograrán atraer y conservar a los mejores talentos, sobre todo cuando los millennials y las siguientes generaciones hacen del mejorar la sociedad unas de las motivaciones más grandes del trabajo. Fink concluye la carta a sus directores expresando su optimismo hacia el futuro y recordándoles que en “un momento de gran disrupción política y económica, su liderazgo es indispensable”.

Finalmente, el desarrollo de un liderazgo adecuado e inteligente se ha convertido en un tema central hoy para que las empresas puedan prosperar. Por eso, el desarrollo del liderazgo tiene que ser parte del ADN de una organización.

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