Analistas 01/02/2020

¿Por qué el coaching ejecutivo?

Aldo Civico
Antropólogo y estratega de liderazgo

Me reuní con Abdul en la sala de su amplio apartamento en Londres, en el exclusivo Mayfair. Su padre, el dueño de una exitosa multinacional, me había pedido que empezara un proceso de coaching, preocupado por el rendimiento como líder de su hijo. Abdul estaba escéptico. No estaba de acuerdo con la propuesta del padre. “¿Por qué alguien necesita coaching?”, me preguntó.

“Nadie necesita coaching”, le contesté, “a menos que tengas sed de más”. Abdul me miró sorprendido. Le pregunté, “¿Crees que un atleta de alto rendimiento pueda lograr resultados extraordinarios sin el acompañamiento de un coach?”. Le conté acerca de la primera vez que entendí la importancia de este acompañamiento. Fue hace unos 25 años, me encontraba en el Teatro La Scala de Milán, donde visité a la estrella del ballet clásico, Julio Bocca, a quien había conocido en Buenos Aires. Su mánager, Lino Patalano, me presentó al coach de Bocca, un alemán. Me quede sorprendido al ver que una estrella de la talla de Julio necesitara de un coach. ¿A caso no era uno de los mejores del mundo? Al día siguiente, tuve la oportunidad de observar al coach trabajar con Bocca. Mientras este practicaba frente a una gran pared de espejos, el coach lo observaba, le daba retroalimentación, y le sugería cambios milimétricos que permitían al bailarín un rendimiento aún mejor. Aquella noche, junto con Alessandra Ferri, Bocca iba a interpretar la obra L’Histoire de Manon, de Jules Massenet.

Observando a la interacción entre el bailarín y su coach, entendí que Julio Bocca lo que buscaba era la excelencia. Era consciente de que la excelencia requería seguir perfeccionándose y aprendiendo. Necesitaba que su coach lo sacara de su zona de confort y lo empujara a lograr nuevos niveles de rendimiento. El éxito y la excelencia requerían un trabajo consistente y una disciplina de hierro. Julio Bocca tenía sed de más, quería volverse la mejor versión de sí mismo. Por eso se convirtió en una estrella mundial, que encantó a los públicos de Milán, Nueva York, Paris, Londres y Moscú.

Abdul ahora me miraba con más curiosidad que antes. Le dije, “No solamente no conozco a un gran atleta que no esté acompañado por un coach, sino que no conozco a un empresario o a un ejecutivo exitoso que, de una forma u otra, no este acompañado por un coach, un mentor o un guía”. Le conté del CEO de Google Eric Schmidt, quien, al igual que Abdul, estaba escéptico y hasta enojado cuando John Doerr le dijo que necesitaba contratar a un coach ejecutivo. Cuenta Schmidt, “Recuerdo haber dicho: “Realmente no necesito un coach. He sido un CEO experimentado por muchos años. No soy un niño”. John lo presionó:” Los tenistas tienen entrenadores, y quizás tú también necesites un coach”. Hoy Schmidt está convencido que: “todos necesitan un coach”. Yo difiero. No todos. Solo aquellos que se comprometen con un alto rendimiento y tienen sed de más.

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