Analistas

Algunos peros

Alejandro Vera Sandoval

La narrativa oficial da a entender que el país va muy bien económicamente. Y claro, las cifras, miradas superficialmente, darían para pensar eso, pues el crecimiento se acerca a su potencial, con una confianza del consumidor en terreno positivo desde hace varios trimestres, y la tasa de desempleo está en mínimos históricos. Sin embargo, una mirada más profunda muestra que esa narrativa tiene algunos peros.

En el caso del crecimiento económico, Colombia logró tasas de 2,6% real en 2025 y mantendría un registro similar en 2026. Sin embargo, esa cifra encierra un elemento preocupante. El país está creciendo gracias a una burbuja de consumo, que explica 76% del crecimiento y se ve principalmente en la mayor demanda en restaurantes y actividades de entretenimiento.

Dicha burbuja está explicada por dos tipos de “loterías” de ingreso. Por un lado, las que llegaron de manera inesperada y no son controlables: las remesas que envían los colombianos en el exterior (cuya dinámica reciente requiere un estudio serio) o los altos precios de algunos productos agrícolas (café, principalmente); y, por otro lado, las autofabricadas, pero que tienen una alta restricción para crecer: los subsidios gubernamentales, que dependen del crecimiento del recaudo tributario. En esta última categoría también cabe la reciente “echada de gasolina” que significa la subida del salario mínimo en 23,7%, que se agotará a medida que la chequera del sector privado acuse los mayores costos.

En cambio, la inversión, que es el componente que permitiría que el país tuviera una senda de crecimiento sostenido en el mediano plazo, contribuye solo con 11% del total de esa expansión económica y ha caído hasta representar apenas 17% del PIB (vs. 22% de hace un quinquenio). Por ello, el crecimiento potencial se aleja de 4,5% real y se acerca más a 3%, según todos los estudios técnicos. De esta manera, la economía crece, PERO por razones temporales, fortuitas y exógenas a la política pública y al desempeño de los sectores formales de la economía.

En el caso del mercado laboral, la tasa de desempleo se acercó a 8% en 2025, lo que representa mínimos históricos. Sin embargo, hay que hacer dos salvedades. Primero, el empleo sigue siendo mayoritariamente por cuenta propia (más de 45%), lo que significa que una proporción elevada continúa generándose en la informalidad y con vocación más de supervivencia que de crecimiento productivo. Y, segundo, hay un aumento importante del total de personas inactivas (cerca de 1 millón), lo que indica que los hogares están “viviendo” de ingresos diferenciales, como las remesas o los propios subsidios públicos. Así, el empleo va bien, PERO gracias a fuentes alternas de ingreso y al crecimiento de la informalidad.

Estos peros hacen que las perspectivas económicas de mediano plazo no sean alentadoras. Cuando terminen las bonanzas temporales actuales, que han fomentado una mayor informalidad, el resto de la economía no va a estar preparada ni en condiciones de responder rápidamente. Por ello, el próximo gobierno tiene la tarea de avanzar en políticas públicas que vuelvan a acelerar la productividad del país, que es el verdadero catalizador y determinante del crecimiento de largo plazo. No hacerlo y seguir dependiendo del consumo y de sus fuentes de ingreso fortuitas, incontrolables y difíciles de mantener es el camino hacia el abismo.

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