Analistas

Vengo del futuro

Alejandro Vera Sandoval

Algunos sucesos recientes están modificando la perspectiva sobre el desempeño económico del país en este 2026. Por ejemplo, el elevado incremento del salario mínimo y una política fiscal más laxa (con grandes montos de endeudamiento) han cambiado la expectativa de muchas personas y empresas sobre qué esperar en este año que inicia.

El ajuste salarial decretado en 23,7% modifica la estructura productiva de las empresas del país y, por esa vía, los precios. Los cálculos de los analistas muestran que en vez de acercarnos a una inflación de 4% al cierre de 2026, llegaríamos a 7%, si suponemos que la mano de obra tiene un peso de 10%-15% en el promedio de costos empresariales del país y pese al abaratamiento de los importados por la reciente apreciación.

Ese rebrote inflacionario llevaría al Banco de la República a elevar sus tasas de interés al menos 200 puntos básicos hasta 11,25%, lo que significaría mayores costos financieros para los hogares y todo el aparato productivo nacional, afectando principalmente la inversión que se apalanca con crédito. Esto redundaría en un crecimiento menor a 3% en 2026, que los analistas habían proyectado hace un par de meses. Además, los mayores costos empresariales (laborales y financieros) y el menor crecimiento incentivarían un incremento de la informalidad de las empresas, que buscarían vías de escape al golpe en sus estados de resultados, y de los trabajadores más vulnerables.

Profundizar el grave problema de informalidad del país traería una consecuencia indeseable adicional. En efecto, el recaudo tributario empezaría a crecer menos que las proyecciones oficiales (9% real) acrecentando los problemas fiscales, lo que, sumado a una probable caída de la emergencia económica en la Corte, obligaría a incrementar la ya abultada emisión de deuda pública, con efectos también en las tasas de interés de largo plazo, referencia, por ejemplo, para los créditos de vivienda.

Vengo del futuro, cuando este desastroso coctel económico ocurra, los funcionarios que estuvieron a cargo de las decisiones dirán que la culpa es de la codicia de los empresarios y del activismo del Banco de la República, y llamarán a protestas de sus militantes. Una vez más, la evidencia empírica no será tomada en cuenta y menos la experiencia internacional que muestra lo que ya ha ocurrido en otros países, como Venezuela o Argentina, en estos casos.

Por ello, lo que debemos es anticiparnos. Ya sabemos que va a pasar y también sabemos que las estrategias habituales de comunicar no funcionan. Es el momento de pensar fuera de la caja para diseñar una narrativa que evidencie los verdaderos hechos: En economía no hay tal cosa como el almuerzo gratis, las decisiones siempre tienen costos y alguien los paga. Por ello, elevar el salario mínimo y endeudar más al país si bien podrían ser buenas recetas para el consumo de corto plazo, terminan generando cuentas que serán pagadas en los siguientes años por los trabajadores formales y los jóvenes.

La población joven, que tendrá que pagar más impuestos para cubrir la deuda pública creciente, y los trabajadores formales, que verán reducidas sus oportunidades laborales y salariales, tienen que entender que el populismo solo genera pobreza futura. Eso ya ha pasado en muchos países en muchos momentos de la historia. Comunicar esto de manera asertiva, sencilla y contundente es el reto que tenemos como sector privado.

TEMAS


Salario mínimo - Inflación - Empresas