La última milla que está cerca de llegar a San Cristóbal
jueves, 26 de febrero de 2026
Alejandro Zambrano
Cuando hablamos de movilidad urbana en ciudades complejas como Bogotá, no podemos limitar nuestra mirada a las grandes infraestructuras que reconocemos a simple vista. Hay un elemento invisible, pero decisivo en la vida cotidiana: la última milla, esa fracción del viaje que parece pequeña en distancia, pero que para millones de ciudadanos es la diferencia entre una conexión eficaz y una barrera interminable.
Hoy, ese concepto se hace realidad en el suroriente de Bogotá, donde las obras del TransMiCable San Cristóbal se encuentran en su etapa final, marcando un hito en la forma en que una ciudad enfrenta retos históricos de desplazamiento y acceso.
Con corte a comienzos de febrero de 2026, este proyecto registra un avance superior a 83%, tras años de esfuerzo y coordinación entre la administración distrital y los equipos técnicos. Ya se han iniciado ajustes con las cabinas en las estaciones, una señal concreta de que la obra está dejando atrás la etapa puramente constructiva para entrar en la fase de verificación técnica y operativa.
El sistema contará con 148 cabinas (144 de operación y 4 de reserva), tres estaciones interconectadas (20 de Julio, La Victoria y Altamira) y la capacidad de movilizar hasta 4.000 pasajeros por hora en cada sentido, reduciendo tiempos de viaje que hoy pueden superar los 30 minutos a apenas 10.
Este avance representa más que progreso físico: simboliza el cierre de brechas urbanas que durante décadas limitaron el acceso de los ciudadanos al transporte público eficiente. En barrios donde la topografía desafía las soluciones convencionales, el cable aéreo no solo acerca distancias, sino que acerca oportunidades: genera acceso a empleo, educación, servicios de salud y vida social.
El desafío de la última milla deja de ser una metáfora para convertirse en una obra visible en cada estructura de acero, en cada kilómetro de cable tendido y en cada estación que cobra forma ante los ojos de los vecinos.
Los registros de avance muestran que las tres estaciones ya superan un progreso significativo en obra civil y acabados, y que el tendido completo de cables y empalmes estructurales está en su fase conclusiva. Más allá de la ingeniería, esta obra transmite una idea urbana poderosa: la movilidad sustentable puede y debe ser una herramienta de inclusión social, conectando zonas que antes parecían aisladas de la ciudad.
En este sentido, San Cristóbal no es un caso aislado; es el resultado de una visión estratégica para integrar el transporte por cable dentro del sistema público de movilidad de Bogotá, complementando, a la vez, la troncal de buses con soluciones que respetan la geografía y las necesidades de sus habitantes. El TransMiCable no solo va a transportar pasajeros: va a reconstruir la relación entre la ciudad y sus ciudadanos.
Sin embargo, aunque este avance merece celebrarse, no es el fin de todo lo que Doppelmayr está construyendo en Colombia. Muy pronto veremos el inicio de las obras del sistema en Potosí, otro proyecto que extenderá esta red de conectividad, cerrando nuevos ciclos de aislamiento y sumando más capacidad de transporte eficiente a la capital.
Lejos de ser una conclusión, la próxima puesta en marcha de San Cristóbal es un nuevo comienzo: el de una movilidad que no solo avanza en metros de infraestructura, sino en impacto social, urbano y ambiental, confirmando que el transporte por cable es hoy una herramienta estratégica para el desarrollo de nuestras ciudades.