Un transporte mundial
lunes, 25 de mayo de 2026
Alejandro Zambrano
Junio será, inevitablemente, el mes del Mundial. Durante varias semanas, buena parte de la atención pública girará alrededor de selecciones, estadios, ciudades anfitrionas y una idea que el fútbol logra instalar como pocas cosas: el mundo puede encontrarse alrededor de un mismo propósito. En ese contexto, vale la pena recordar que también hay empresas que, desde sectores distintos al deporte, han construido una vocación verdaderamente mundial. Doppelmayr es una de ellas.
Doppelmayr
Con presencia en cerca de 50 países y más de 15.700 instalaciones construidas en 96 naciones, Doppelmayr ha demostrado que la ingeniería también puede tener un lenguaje global: el de conectar territorios, superar barreras geográficas y ofrecer soluciones de movilidad adaptadas a realidades muy distintas. Desde sistemas turísticos y de montaña hasta proyectos urbanos de alto impacto, la compañía ha llevado el transporte por cable a lugares donde la topografía, la congestión o la necesidad de integración exigían pensar de otra manera.
Esa mirada global tiene hoy una expresión muy clara en América Latina. Durante años, los teleféricos urbanos fueron vistos en la región como soluciones puntuales, casi experimentales. Hoy, esa percepción quedó atrás. En México, por ejemplo, se está gestando una verdadera revolución en la movilidad por cable. En Ciudad de México se desarrolla una línea de 15,2 kilómetros, con 12 estaciones y 462 cabinas, que será la línea de transporte por cable urbano más larga del mundo. A esto se suman proyectos como Puebla, Uruapán y otros desarrollos que muestran cómo las grandes ciudades latinoamericanas están incorporando soluciones limpias, eficientes y de gran escala.
Más al sur, Guatemala avanza con su primer sistema de transporte por cable, diseñado para movilizar 5.500 pasajeros por hora y por sentido a lo largo de 8,6 kilómetros. En Chile, el proyecto Bicentenario también hace parte de esta nueva ola regional. Y en Colombia, Bogotá sigue consolidando una red de cables urbanos con San Cristóbal y Potosí, después de haber demostrado en Ciudad Bolívar que este tipo de infraestructura puede transformar la vida cotidiana de miles de personas.
Por eso, cuando hablamos de una empresa mundial, no hablamos únicamente de presencia internacional. Hablamos también de conocimiento acumulado, de capacidad técnica y de experiencia aplicada a contextos distintos. El verdadero valor de una compañía global está en poder entender que cada ciudad juega un partido diferente. La tecnología puede ser global, pero las soluciones deben responder siempre a las necesidades locales.
En eso, el transporte por cable se parece mucho a los grandes equipos, ya que requiere precisión, coordinación, estrategia y confianza. Cada torre, cada estación y cada cabina hacen parte de un sistema que solo funciona bien cuando todas sus piezas están alineadas. Pero, sobre todo, requiere una visión de largo plazo. Las ciudades no se transforman con jugadas aisladas, sino con proyectos que se integran a una red y que entienden la movilidad como una herramienta de desarrollo.
El Mundial nos recuerda que lo global puede emocionar, unir y movilizar. La infraestructura, aunque lo haga de una manera más silenciosa, también tiene ese poder. Un sistema de transporte bien concebido puede acercar oportunidades, reducir tiempos de viaje, conectar comunidades y cambiar la relación de las personas con su ciudad.