Analistas

El 8 de marzo: primera dosis reconstituyente

Alfredo Sarmiento Narváez

Un reconstituyente se entiende en el argot de la salud como una sustancia, alimento o medicamento que devuelve el vigor, las fuerzas o las condiciones normales a un organismo vivo. Pues bien, la salud de la democracia colombiana necesita en el corto plazo no una aventurada y mañosa asamblea constituyente como la que proponen Petro, Cepeda y 40 más de su círculo de colaboradores, la “guachafita prostituyente”, sino una dosis reconstituyente que ayude a normalizar la salud institucional de nuestra vida republicana.

Ese reconstituyente está en las manos de cada ciudadano y ciudadana colombiana: es el sencillo y poderoso voto.

El ejercicio del voto en las elecciones del próximo mes de marzo para elegir Congreso y participar en las consultas, así como en mayo en primera vuelta presidencial y eventualmente en junio en segunda vuelta presidencial, es el verdadero reconstituyente que necesita el país para revigorizar la recalentada y amenazada democracia.

Con un voto meditado, estudiado, consciente, con vocación de comunicar un mandato a congresistas y a la futura persona que sea elegida presidente, cada colombiano y colombiana estará ayudando a recuperar un sendero que garantice un mínimo de sostenibilidad democrática en Colombia, esto es, sostenibilidad económica, social, ambiental, energética y alimentaria; sostenibilidad jurídica, así como una conectividad física y digital sostenible y una defensa y seguridad que sienten las bases de una convivencia, igualmente sostenible.

Toda jornada electoral en una democracia es vivificante, pero la que Colombia tiene a partir del 8 de marzo, y en mayo y junio, implica decisiones de sobrevivencia de la democracia.

El país no puede quedar al garete, como corcho en remolino, en medio de fórmulas propias del totalitarismo estadocéntrico, mercadofóbico, pseudorrevolucionario, agitador y amplificador de resentimientos, propio de izquierdas cada vez más siniestras, o de esas fórmulas de derechas poco diestras, quietistas, reaccionarias y arribistas que quieren endosar el mercado a negociantes cazadores de renta, anunciando un Estado raquítico e impotente, cuando lo que realmente se necesita es un Estado ágil y musculoso, capaz de concurrir de manera solidaria y subsidiaria con una ciudadanía y sociedad civil autónomas, emprendedoras, responsables y socialmente competentes.

En lo personal ya he hecho mis discernimientos y meditaciones. Por lo pronto, el 8 de marzo votaré Senado y Cámara por las listas del Centro Democrático; consecuentemente, votaré la Gran Consulta por Colombia, teniendo en cuenta que ese mismo día se celebra el Día Internacional de la Mujer.

La democracia colombiana necesita aroma de mujer; de mujer mujer. El voto es el reconstituyente natural de la democracia colombiana; votemos por su salud y vigor.

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