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¡Es la autonomía, demócratas!

Alfredo Sarmiento Narváez

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¡Es la economía, estúpido! fue la frase providencial que acuñó James Carville en el marco de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992. Fue tan atinada la expresión, que se tradujo en el primer triunfo a la presidencia que ganó el candidato demócrata.

La frase ¡ES LA AUTONOMÍA, DEMÓCRATAS! que se acuña en esta columna, en Colombia y en los tiempos que corren, es una expresión que nada tiene que ver con mantras electorales de coyuntura; ya en mayo y junio pasado se surtieron las elecciones a congreso y a presidencia con resultados inobjetables, y solo a mitad del próximo año, los colombianos retomaremos las actividades electorales para elegir alcaldes, gobernadores, concejales, diputados y juntas administradoras locales; así que nada que ver con elecciones.

Aclarado lo anterior, es menester recordar a los demócratas de buena voluntad que hay en Colombia, pacíficos, probos y laboriosos, independientemente de sus militancias políticas, sobre la importancia de ser guardianes protectores de los diferentes ámbitos de autonomía, si queremos garantizar la sostenibilidad democrática.

Amén de velar por el respeto a la autonomía propia de las ramas del poder público, de las entidades territoriales, de los organismos de control, es pertinente que todos los ciudadanos nos apliquemos a cuidar, robustecer, cualificar y hacer valer la autonomía de diversas expresiones organizadas de la sociedad civil tales como gremios, sindicatos, universidades, medios de comunicación, partidos políticos, colegios profesionales, iglesias, empresas, vecindarios y familias.

Cualquier expresión o gesto de autoridades estatales a nivel nacional o territorial para conculcar y enrarecer la dinámica autónoma de diversas expresiones de la sociedad civil, deben ser prontamente rechazados por la ciudadanía en su conjunto.

No hacerlo de inmediato es dejar erosionar y envilecer a futuro el espíritu republicano del artículo 38 de la Constitución Nacional que reza así: “se garantiza el derecho de libre asociación para el desarrollo de las distintas actividades que las personas realizan en sociedad”.

Y también hay que decirlo, la mejor forma de salvaguardar el espacio de autonomía de nuestras organizaciones civiles, y a través de ello cuidar y abonar nuestra democracia, es garantizar un ejercicio responsable y sostenible de la misma.

Una sociedad civil, autónoma, empoderada, participante, socialmente competente y presta a la gestión del bien común, es clave para construir una comunidad de propósito como país y una comunión de sentido como nación.

A propósito de autonomía responsable, con la venia del lector, comparto esta anécdota.

Muy joven, tal vez a los 19 o 20 años, decidí irme a vivir solo; mi madre me preguntó por qué me iba y yo le contesté: porque quiero ser autónomo; a los 8 días de vivir solo volví a la casa de mi madre con ropa sucia para lavar y ella me dijo: la autonomía también significa hacerse responsable de lavar su ropa interior y atender todos sus asuntos domésticos. Ese día se acabó para mi, enhorabuena, el paternalismo, el maternalismo y las mesadas que me servían de subsidio.

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