Analistas 06/06/2026

Miguel Uribe y su consigna de vida

Amelia Rey Bonilla
Politóloga con maestría en políticas públicas

En la mañana del 7 de junio de 2025, Miguel Uribe Turbay intervino en la conferencia “Forjando el Futuro” de la Asociación Harvard-MIT. Su presentación fue fiel a su carácter: estructurada, contundente y atravesada por un optimismo sereno. Incluyó una foto junto a su madre, Diana Turbay; debajo decía: “Un país sin violencia es mi razón de vida”.

Horas después, un sicario de 14 años le disparó a Miguel en la cabeza. La herida que le causó desencadenó una larga batalla por su vida que terminaría, semanas más tarde, con su muerte.

En la maestría que cursamos Miguel y yo, un profesor nos advirtió que el liderazgo podría costarnos la vida. Nunca entendí esa frase de manera literal. Sin embargo, a Miguel le costó la suya. Durante estos doce meses he cargado un dolor que habita dos planos: el personal y el colectivo. Me duele la violencia a la que fue sometido mi amigo, el sufrimiento de su familia y aquellas semanas de incertidumbre en las que, entre avances y retrocesos, me atreví a creer que volvería a verlo. También me duele esta Colombia tan dividida, tan rápida para tomar bandos y tan ligera para exigir y justificar muertos.

Un año después del atentado, seguimos teniendo una obligación moral ineludible: exigir justicia. Como recordó María Claudia en la Catedral Primada durante la misa fúnebre de Miguel, la justicia es indispensable para fortalecer la democracia y reafirmar una verdad básica: los seres humanos debemos responder por nuestros actos.

En vísperas de la elección presidencial más polarizada de la historia contemporánea, Colombia enfrenta una reflexión inaplazable: ningún proyecto político, ninguna ideología y ningún líder pueden estar por encima de las reglas que hacen posible nuestra convivencia democrática. La democracia exige competencia, pero también límites; exige convicciones firmes, pero también la grandeza intelectual y humana de reconocer la legitimidad de quienes piensan distinto y hacerles espacio dentro del proyecto común que llamamos país.

Que la tragedia de Miguel nos sirva para entender que Colombia no necesita más enemigos; necesita más ciudadanos dispuestos a defender las reglas que nos permiten prosperar en medio de nuestras diferencias. Miguel creía profundamente en Colombia. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo sabemos que su apuesta por el servicio público nacía de una convicción genuina: que este país podía ser mejor.

En el aniversario del atentado que acabó con su vida, pienso en la imagen con la que Miguel cerró su intervención: “Un país sin violencia es mi razón de vida”. Que en esa consigna final encontremos una fuente de inspiración para este momento del país: la posibilidad de construir una Colombia donde las diferencias se tramiten con palabras y votos, donde la curiosidad y la empatía sean más fuertes que los odios y donde la vida prevalezca.

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Miguel Uribe Turbay - Elecciones 2026