Los cuatro jinetes del apocalipsis económico de Colombia
Pocos vicios nacionales son tan nocivos como el ombliguismo colombiano. Nos creemos un caso único, irrepetible, demasiado singular para las categorías y experiencias ajenas. Por esa convicción acabamos repitiendo, como siguiendo un manual, los errores que ya arruinaron a otros. Colombia está repitiendo patrones, comprobados por más de un siglo de evidencia empírica, que tienen un triste desenlace previsible.
El historiador Bryan Taylor, autor del estudio más exhaustivo sobre retornos accionarios de largo plazo, demostró en su artículo Why Have Stock Markets Failed? que los mercados emergentes condenados al fracaso comparten cuatro fuerzas estructurales: inflación, socialismo, autarquía y deuda. Colombia los padece hoy todos a la vez:
Inflación. El primer jinete licúa el ahorro en silencio. Durante el gobierno de Petro, el nivel general de precios ha crecido 29,1%, la inflación acumulada más alta de cualquier gobierno del siglo XXI. Cuando el dinero pierde poder de compra a ese ritmo, se reduce el apetito de invertir en el futuro de las empresas ante la creciente incertidumbre y la competencia de los activos de renta fija que ofrecen retornos nominales muy altos, el costo del capital se dispara y el inversionista racional huye hacia activos refugio fuera del país. Taylor lo documenta con más de un siglo de datos: ninguna bolsa prospera en un ambiente inflacionario.
Socialismo. El segundo jinete confisca sin necesidad de expropiar. Basta con cambiar las reglas. La reforma tributaria de 2022 castigó dividendos, ganancias ocasionales y patrimonios altos, demoliendo de un plumazo el retorno esperado del inversionista. La reforma pensional pretende dirigir la gran mayoría del ahorro privado de los colombianos hacia Colpensiones, debilitando estructuralmente la demanda institucional por acciones locales. A esto se suman las amenazas recurrentes contra el funcionamiento del mercado (aumento irracional del salario mínimo, costo para una pensión mínima, limitación de la inversión en activos extranjeros, etc.). Taylor advierte: el socialismo destruye valor mucho antes de que haya nacionalizaciones explícitas.
Autarquía. El tercer jinete cierra la economía sobre sí misma. El Gobierno suspendió nuevos contratos de exploración de hidrocarburos, la principal fuente de divisas del país, y ha endurecido el discurso contra la inversión extranjera. La pretensión de “industrializar a Colombia” sustituyendo importaciones es la misma receta que estancó al país entre 1950 y 1990. Taylor demuestra que las bolsas de los países que se aíslan del comercio internacional condenan a varias generaciones a retornos reales negativos.
Deuda. El cuarto jinete asfixia al Estado y, por contagio, a todos los colombianos. La regla fiscal que restringía el gasto, al igual que nuestro grado de inversión en las grandes calificadoras, es historia.
La deuda pública colombiana supera ya 64% del PIB, el déficit fiscal de 2025 cerró en 6,4% y continúa desfasado, y el servicio de la deuda ya consume uno de cada tres pesos recaudados en impuestos. El petrismo nos deja un desastre de $410 billones de deuda nueva y tasas de interés de endeudamiento público que llegan ya a 14% (vs. 8,6% en 2022).
En 2026, Colombia escoge entre acelerar los cuatro jinetes o desensillarlos. Una propuesta que ofrezca más gasto, más impuestos al capital, más cierre comercial y más Estado, cualquiera sea su empaque retórico, es una propuesta para empobrecerlo a usted, a su familia y al país. Su voto en las próximas elecciones es la decisión patrimonial más importante que tomará en esta década. En sus manos está la continuidad de los cuatro jinetes del fracaso apocalíptico de Colombia.