Cepeda no es el problema
No, el problema definitivamente no es él, con su estatismo, con su forma de proceder, con su ideología dogmática e invenciblemente errónea, con su silencio cómplice ante todas las barbaridades que están sucediendo en el país, promovidas y/o permitidas por el gobierno -que esto tal vez sea lo más grave que tiene-, y ante el apoyo descarado e ilegal que está recibiendo. Él, por sí solo, nunca llegaría a ser presidente. Y a todo lo anterior súmele los antecedentes y la complicidad que ha tenido con la guerrilla, rayando la ilegalidad y pasando por lo que no está bien hecho.
No, el tema inicia en la ignorancia de sus votantes, pero ese parece ser de imposible resolución y no podría tratarlo en este escrito, porque constituye un problema crónico y estructural que daría para todo un tratado de sociología. Pero, además, también tiene causa y apoyo en la recua de políticos que lo acompañan, movidos por intereses absolutamente personalistas y egoístas.
El problema radica, igual y principalmente, en “nuestros líderes”. Veamos: lo de Sergio Fajardo y Claudia López, más allá de ser buenos o malos candidatos o buenos o malos ejecutores, no tiene ninguna explicación razonable distinta a su egoísmo, a su ego, a su vanidad y no sé a qué otros intereses. Es evidente e incontestable que no tienen, bajo ninguna circunstancia, ninguna opción. Critican a Gustavo Petro y al mismo Iván Cepeda, pero en su actuar lo único que hacen es fomentar y estimular la campaña de este último.
Pasemos a Abelardo y Paloma Valencia. Más allá de los aciertos y errores de cada uno de ellos, deberían tener la grandeza que exige el momento en pro de la Colombia que tanto dicen querer. Creo que somos muchos los que, buscando atajar a Cepeda y a lo que sería para el país su “presidencia”, un día nos levantamos votando por Paloma y al siguiente por Abelardo, porque estamos convencidos de que en ellos puede radicar, si no la solución, el principio del cambio en beneficio de todos los colombianos, aun de los que voten por Cepeda. Pero esos dos, enfrascados en personalismos, de espaldas a lo verdaderamente necesario para el país, siguen en una división que cada vez es más profunda y que, sobre todo, beneficia a Cepeda.
Lo anterior pasa inclusive por grandes patriotas y benefactores para el país, y me refiero específicamente al expresidente Álvaro Uribe, respecto del cual no se entiende por qué permite y, a ratos, fomenta esta división. ¿Acaso no ve ninguno de ellos lo que está pasando y lo que va a pasar? La forma como el gobierno está haciendo proselitismo bajo todas sus formas; el flujo incontenible e inconmensurable de recursos públicos para favorecer la campaña de Cepeda por todos los medios; la deslegitimación del sistema electoral; la creación del caos y, en fin, todas las formas de lucha. Y lo que falta en tiempo es poco, pero en actuar va a ser mucho: medidas absolutamente populistas, como un nuevo incremento del salario mínimo, creación de cortinas de humo, tergiversación permanente de la verdad para crear el caos, más resentimiento y ataques, de una u otra manera, no solo a los dos candidatos con opciones, sino a todos los colombianos y a todo el sistema.
Yo creo que muchos colombianos estamos como yo: mamados de los políticos de siempre, viviendo las consecuencias, por demás negativas, de una falta de liderazgo fuerte, coherente y consecuente, que vaya más allá de las vanidades, de la ambición de poder y de los intereses personales.
Hay que hablar claro y decir las cosas por su nombre, tal como lo hacía Germán Vargas Lleras, que, más allá de tratar de ser simpático, hablaba claramente y fue un gran ejecutor, entre otras cosas, en materia de vivienda y de infraestructura, y que decía que, si no había unión, iba a ganar la opción perjudicial para el país. Da grima y desespero oír a todos los políticos, sin excepción, hablar del legado del exvicepresidente con palabras rimbombantes y bonitas, pero actuar de forma contraria.
O se unen Paloma y Abelardo, antes de la primera vuelta, o nos jodimos.
Cuesta trabajo entender qué es lo que no comprenden. ¿Cómo no pueden buscar un mecanismo que, de manera razonable, les permita unirse ya? ¿Por qué esperar al punto o al momento en que cualquier unión o solución sea ya inservible?