Pandemia de estupidez
Uno de los grandes problemas de nuestra época es que nos negamos a llamar las cosas por su nombre. No sabemos usar el lenguaje ni las palabras de forma adecuada y, por tanto, nos es difícil comunicarnos. Pero más grave: no somos conscientes de estas carencias. Y, sin comunicación clara, asertiva y directa, siempre seremos sujetos pasivos de manipulación, de engaño, y de ser contagiados por la pandemia.
Si entendemos pandemia como “enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región”, y estupidez como “torpeza notable en comprender las cosas”, definiciones tomadas del diccionario de la Real Academia Española, edición de 2024, resulta inevitable llegar a la conclusión de que nuestra sociedad, y el mundo en general, está contagiada en los términos del título de esta columna. Metafóricamente podríamos hablar de un virus: la estupidez. Se contagia, se expande rápido, infecta y es silenciosa. Y se esparce hoy con mayor frecuencia e intensidad que en cualquier tiempo anterior.
Todo está motivado, principalmente, por las redes sociales, por la facilidad con la que se forma opinión. Sin darnos cuenta, y de una manera complaciente, nos vamos dejando envolver por los algoritmos, por la publicidad, por la velocidad. Nos van metiendo necesidades artificiales y opiniones contagiosas. Pero, sobre todo, nos van eliminando la capacidad de pensar y de raciocinio, inculcándonos ideologías y valores totalmente contrarios al sentido común, al derecho y al beneficio de la sociedad. Como dice Carlos Granés en su libro Antiutopías: “El político que quiere ganar votos, todo escritor que quiere ilusionar para conquistar lectores, recurre a la misma fórmula: vender una utopía. Junta cuatro frases lindas, ojalá poéticas, que dejen en claro su descontento con todos los males que nos rodean, que sí, son muchos y evidentes, para después insinuar que necesitamos algo así como una revolución o una transformación que lo soluciona todo”. Imposible no evocar a Petro. Error, necesitamos es tomar lo bueno, combatir lo malo y evolucionar.
Se requiere es volver a lo básico: sentido común, principios elementales de convivencia, disciplina, respeto por los derechos de los demás. Pero lo que estamos viviendo es una sinrazón. Se critica a los que pretenden una aplicación estricta de la ley. A los que piden mano dura con los criminales. A los que dicen las cosas como son.
Vi en estos días en una entrevista una afirmación que me encantó: la izquierda terminó saliendo corriendo hacia un acantilado y empezó a llamar extremistas a todos los que no saltaron con ella. Y no es un tema de política, es de lógica y de no tergiversar.
Basta entrar a TikTok o a X cinco minutos para verlo. Un video de 15 segundos descontextualiza un hecho, le pone música dramática y un texto en mayúsculas, y en dos horas ya tiene 2 millones de reproducciones y una turba pidiendo cabezas. Nadie verifica, nadie pregunta, nadie analiza. La inmensa mayoría de publicaciones lo único que hacen es revelar la estupidez en la que estamos cayendo, el manejo y la manipulación que nos pretenden dar. Buscan movilizar a la gente y a las masas a través de las emociones, como la única forma de entender, omitiendo la razón, el análisis.
En la maldad hay una lógica, incorrecta, pero la hay, y se deja traslucir. El malvado, delincuente, corrupto, sabe que está actuando mal. Pero el que es atacado por el virus de la estupidez no lo sabe. No es consciente.
Normalmente es una persona que ha renunciado a usar su razón y su pensamiento, sin saberlo, entregándole esa facultad a un grupo o a un malentendido líder. El estúpido siente que está siempre en lo correcto. Son obedientes sin saber que lo son ni por qué. Comparten opiniones, dogmas y posiciones sin analizar. Este es un tema sociológico de nuestro tiempo. Y frente a él hay que oponer resistencia. Va a ser difícil salir de esta epidemia mientras no tomemos conciencia de lo que está pasando, mientras no se eduque a la gente, no con sesgos ideológicos como sucede hoy, sino dándoles elementos que les permitan tener una real capacidad de análisis. Mientras no haya una reglamentación clara. Mientras no exista un compromiso desde el gobierno y de todos en general, para hablar claro y educar a la gente, y un retorno a los valores esenciales. ¿Cuáles? Sencillo: respeto por los demás, inflexibilidad frente a los delincuentes, sentido común, disciplina, sanciones ejemplares, aplicación estricta de la ley.
Remate. De lujo la conformación del gabinete del gobierno entrante. Ojalá, por el bien de todos, lo hagan bien.