Analistas 28/09/2026

La fintech se tomó Barranquilla

Andrés Gutiérrez
CEO de Tpaga
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La semana pasada tuve la oportunidad de participar en el décimo Latam Fintech Market, el evento fintech del año en Colombia. Y la primera reflexión que tuve apenas entré a Puerta de Oro, en Barranquilla, fue: cómo ha madurado esta industria en Colombia.

No fue solo la magnitud: más de 2.300 asistentes, dos escenarios simultáneos, decenas de patrocinadores y gente que llegó desde Perú, Argentina, y otros países de la región. Fue, sobre todo, quiénes estaban ahí.
Hace diez años, cuando nació Colombia Fintech, éramos 15 o 20 fintechs hablando entre nosotros. Hoy uno camina por los pasillos del Latam Fintech Market y se encuentra fondos de venture capital, grandes grupos corporativos -muchos de retail-, las grandes franquicias de pagos, reguladores y prácticamente todos los grandes bancos del país.

Ese cambio dice mucho más sobre la madurez del ecosistema que el número de asistentes.

También cambió la agenda. El vicepresidente habló de la importancia de utilizar la tecnología para cerrar las brechas de inclusión financiera y llevar esa inclusión más allá de las principales ciudades. David Vélez, fundador de Nubank, habló de cómo la inteligencia artificial podría ser tan disruptiva -o incluso más- para los servicios financieros como lo fueron internet y el smartphone.

Un pequeño paréntesis: chapeau a Gabriel Santos y al equipo de Colombia Fintech por lo que han construido. Y también a David Vélez, que constantemente encuentra tiempo para apoyar al ecosistema colombiano. Que haya estado en Barranquilla en una semana particularmente importante para Nu dice mucho.

Pero quizás el dato que más me llamó la atención vino de una presentación de McKinsey.

Después de caminar por un evento de esta magnitud, rodeado de fintechs colombianas -que solo en 2025 levantaron más de US$500 millones en venture capital-, uno podría pensar que estas empresas ya representan una parte enorme del sistema financiero.

Pero no es así. A nivel global, las fintech apenas representan un 4% de los ingresos de los incumbentes.
¡4%! Y probablemente en Colombia sea aún menor.

No digo que sea poco. La industria financiera tiene uno de los mayores pools de utilidades de cualquier industria en el mundo -por algo tantos emprendedores llevamos años tratando de coger una parte de esa torta-. Además, las fintech están creciendo alrededor de 2x más rápido que los incumbentes.

Pero, ese 4% muestra todo lo que todavía falta por recorrer.

Y paradójicamente, algunas de las cifras más preocupantes son también las que muestran la magnitud de la oportunidad. Cerca del 80% de los pagos en Colombia todavía se hacen en efectivo. Seguimos sin un marco regulatorio claro para nuevas industrias como cripto. Y, sobre todo, nuestro mercado de crédito sigue siendo apenas una fracción de lo que podría ser.

Más de 10 millones de adultos colombianos han recurrido al crédito informal tipo “gota a gota”, mientras apenas el 38% de los adultos tiene acceso al crédito formal.

Ahí está probablemente una de las mayores oportunidades -y responsabilidades- para la siguiente década fintech en Colombia.

También empezamos a ver otra señal de madurez: la consolidación. Vemos bancos invirtiendo en fintechs, como Banco Serfinanza en Tpaga o la alianza entre Bancoomeva y Mono. Y fintechs como Bold adquiriendo jugadores y expandiéndose a otros mercados.

Para construir empresas financieras realmente grandes en la región necesitaremos más de esto: más consolidación, adquisiciones y alianzas entre incumbentes y fintechs. No podemos terminar con cientos de jugadores subescala compitiendo por pequeños pedazos del mercado.

Y todavía falta quizás la mayor disrupción: la inteligencia artificial.

Por eso salí de Barranquilla con una paradoja. Nunca había visto al ecosistema fintech colombiano tan grande, sofisticado y maduro. Pero, al mismo tiempo, nunca había sido tan evidente lo pequeña que sigue siendo nuestra participación frente a la oportunidad que tenemos por delante.

Y quizás Barranquilla fue un buen lugar para recordarlo.

Porque la siguiente década de inclusión financiera no puede ocurrir solamente en Bogotá, Medellín o entre quienes ya están bancarizados. Tiene que llegar a las ciudades secundarias, a las zonas rurales y al colombiano para quien el efectivo y el gota a gota siguen siendo parte de su vida cotidiana.

No sé cómo será el Latam Fintech Market número 15. Si tendrá cuatro escenarios, cinco mil asistentes o necesitará tres días.

Pero espero que para entonces no midamos solamente cuánto creció el evento o cuántas fintechs existen en Colombia, sino cuántos colombianos más logramos incorporar al sistema financiero formal.

Si los primeros diez años sirvieron para construir el ecosistema, los siguientes deberían servir para demostrar hasta dónde puede llegar.

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