Tengo que arrancar con una confesión. La idea de este titular no la pensé yo. La pensó Adriana Cisneros, CEO del Grupo Cisneros, uno de los más importantes de Venezuela. Lo sugirió en plena tarima, haciendo referencia a un artículo que escribí yo acá mismo en LR hace más de cinco años, durante mi primer viaje a Venezuela.
La semana pasada tuve la oportunidad de estar en Caracas, en el Venezuela Startup Summit. Fueron 72 horas compartiendo con economistas, banqueros, empresarios, gestores de capital y el Consulado de Colombia.
Y el mensaje con el que regresé no puede ser más contundente: la oportunidad de inversión en Venezuela durante los próximos años podría ser algo que no hemos visto en décadas en Latinoamérica.
Invertir en Venezuela no siempre fue una decisión que encendiera las alarmas de los family offices y los departamentos de riesgo de las grandes organizaciones.
Durante décadas fue uno de los países más prósperos de Latinoamérica. Entre 1950 y 1979, su economía creció en promedio 6,2% anual. Multinacionales como Colgate, Procter & Gamble, Cemex y Citibank tuvieron allí sus HQ para Latinoamérica.
Pero esa prosperidad se fue desvaneciendo entre reformas, expropiaciones, controles y decisiones económicas que frenaron su crecimiento.
Ahora parece que los tiempos están cambiando. Y con ellos, sentí una de las energías más “bullish” que he experimentado en mi carrera como emprendedor e inversionista.
Y no solo entre venezolanos. Un gran empresario colombiano, con una visión de negocios que muchos soñamos tener, me dijo en el comedor del hotel Cayena -convertido en el place to do business de Caracas-:
“Llegas muy tarde. Ya los buenos deals se hicieron”. Aunque, ¿quién soy yo para contradecirlo?, siento que muchos negocios apenas están empezando a brotar. Y lo que falta por brotar puede ser brutal.
Por ejemplo, tuve la oportunidad de reunirme con el fundador de Cashea, una fintech de Buy Now, Pay Later, similar a Addi o Sistecrédito en Colombia, pero con esteroides. Ya supera los 11 millones de usuarios y, según cifras extraoficiales compartidas durante mi visita, procesa un volumen equivalente a 3% del PIB venezolano.
También hay startups como Wawa, que innova en movilidad compartida. Y para dimensionar el interés que está despertando el país, hasta el mismísimo Sir Richard Branson fue al Summit a entender mejor las oportunidades que hay en Venezuela.
Por supuesto, buena parte del interés está en el petróleo. Y es que, literalmente, Venezuela tiene petróleo para más de una vida: aproximadamente 303.000 millones de barriles en reservas probadas, las mayores reportadas en el mundo. Además, cuenta con las mayores reservas probadas de gas natural de Latinoamérica.
La producción petrolera, que llegó a superar los tres millones de barriles diarios, se desplomó durante la crisis y hoy comienza a recuperarse. Algunos escenarios contemplan volver a esos niveles con nuevas inversiones.
Pero las oportunidades no terminan en el petróleo. También están en la generación eléctrica, la construcción, el agro y la recuperación de una industria que lleva años deteriorándose.
Algo muy interesante que mencionaron varios economistas, sin saber que había colombianos en la audiencia, es que Colombia no podría estar mejor posicionada.
Por cercanía, capacidad productiva y relaciones comerciales, podríamos convertirnos en uno de los principales proveedores e inversionistas de esta recuperación.
En muchos sectores, ante las dificultades energéticas y productivas, hoy puede ser más fácil importar desde Colombia que fabricar localmente. Y en el sector financiero hay una brecha que difícilmente encontramos en otro mercado. En Latinoamérica, el crédito al sector privado representa cerca de 50% del PIB. En Colombia, alrededor de 40%. ¿En Venezuela? Apenas 3,5%.
Imaginen el potencial de crecimiento del crédito si Venezuela comienza a acercarse a los niveles de Colombia.
Si yo fuera dueño de una financiera colombiana, no dudaría tres minutos en reservar un vuelo a Caracas y empezar a estudiar el mercado.
Y si todavía no los he convencido, les dejo dos datos más.
La economía venezolana perdió más de tres cuartas partes de su tamaño durante la crisis. No estamos hablando solamente de una economía que puede crecer, sino de una economía que tiene muchísimo por recuperar. No me parece descabellado pensar en un PIB dos o tres veces mayor en un horizonte de recuperación de largo plazo.
Y a esto se suma una diáspora de millones de venezolanos cuyo patrimonio acumulado, según estimaciones que escuché durante el viaje, podría estar entre US$500.000 millones y US$600.000 millones. Imaginen el impacto de que apenas una fracción de ese capital regrese al país.
Ahora, si la pregunta es cómo entrar a Venezuela, creo que hay algo fundamental: hacerlo acompañado de empresarios y socios locales.
Ya empiezan a aparecer grupos de inversión que ayudan a empresas y family offices a encontrar oportunidades. De hecho, con el Consulado de Colombia conversamos sobre cómo apoyar a startups colombianas interesadas en entrar. Si están explorando el mercado, me pueden escribir y con gusto vemos cómo ayudar.
¿Será Venezuela la mejor inversión para 2030, como sugirió Adriana Cisneros? No lo sé. ¿Será la más segura? Tampoco lo sé.
Pero veo pocos países que combinen una economía con tanto por recuperar, recursos naturales de semejante magnitud, un sistema financiero por desarrollar y empresarios con tantas ganas de construir. Siempre he creído que emprender es hacer las cosas obvias antes de que sean obvias para los demás. A los empresarios e inversionistas que están mirando Venezuela: no esperen a que la oportunidad sea tan obvia que ya hayan perdido la ventana.