Analistas 05/02/2026

A qué juegan

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Mientras Iván Cepeda sigue consolidándose como el candidato del gobierno para las próximas elecciones presidenciales -a pesar de los intentos de Roy de meterle el palo en la rueda- y Petro regresa triunfante -pero con el rabo entre las piernas- después de su reunión en la Casa Blanca, en la derecha han optado por inmolarse y convertir la campaña en un concurso de vanidades personales, deserciones y traiciones. En vez de ver el magnicidio de Miguel Uribe Turbay como una oportunidad de unión y construcción de un proyecto de país, prefieren alimentar sus egos, cerrar puertas, pisotear el legado de Uribe y embarcarse en campañas de desprestigio sin importarles en lo más mínimo el futuro del país.

Me considero un votante de derecha y uribista por convicción. Sigo creyendo que fue el mejor presidente que hemos tenido y su visión y modelo de país mejoraron el bienestar de la gente. Apoyé su reelección, pues era consciente de que en cuatro años era imposible acabar con las Farc, el ELN y los paramilitares, arreglar la economía y generar confianza inversionista. Soy crítico de su exceso de confianza en algunos de sus aliados y de su criterio para escoger sucesores. No le bastó con la traición de Santos o el fracaso de Duque: sigue apostándole a personas que un día le besan la mano y al otro lo escupen. Su mayor debilidad es su talante liberal y democrático.

Lo de Miguel Uribe papá y ahora lo de María Fernanda Cabal es vergonzoso. El problema con ser decente y permitir el disenso es que abre la puerta para que cualquier pinche concejal se atreva a reclamar y sublevarse públicamente. Si yo fuera el expresidente, sería más dictatorial en mis decisiones y escogería “al que me diera la gana” sin dar explicaciones. Los que creemos en su modelo de país vamos a votar “por el que diga Uribe”. No por el que lidere las encuestas, el que ruja más fuerte, el que tenga más seguidores en X o el que crea que tiene mayor jerarquía dentro del partido.

No podemos perder de vista que el enemigo común es Cepeda. El heredero de Petro, el encargado de culminar la tarea de convertir a Colombia en un régimen comunista y quien abiertamente amenaza con una constituyente. El que lleva décadas fabricando testigos para meter a Uribe a la cárcel y saciar su sed de venganza. El defensor de oficio de las Farc en los diálogos de La Habana y el que, siendo cómplice, ayudó a Santrich y a Márquez a escaparse al monte después de incumplir “el mejor acuerdo posible”. El autor intelectual del pacto de la Picota, conocido como -La Paz Total-, garantía de impunidad para narcotraficantes, criminales y violadores de lesa humanidad. El contertulio de los Castro, Chávez, Maduro, Irán, Hamás y Hezbolá, entre otros. El mismo que calla ante la corrupción y el despilfarro de este gobierno y aplaude las medidas populistas que están llevando al país a la quiebra.

Por eso, en vez de estar buscando excusas para autodestruirnos o creer que a punta de “likes” o de firmas les vamos a ganar, están equivocados. Tenemos que unir esfuerzos y aprovechar las estrategias de barrio del expresidente Uribe -la misma con la que les ganamos el plebiscito- para asegurarnos de que ese 48% que aún cree que Petro no ha sido tan malo entienda que es mejor un país seguro que les garantice un trabajo estable que una burbuja social de dádivas al debe y beneficios a dedo, que seguro en el próximo gobierno se van a esfumar.

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Elecciones 2026 - Política - Iván Cepeda