Con dinero o sin dinero
El gran reto del gobierno de Abelardo de la Espriella es tomar las decisiones difíciles en materia económica que tanto requiere el país, manteniendo el apoyo popular necesario para ejecutar su programa. Parece fácil, pero es más complejo de lo que muchos piensan. La decisión de la semana pasada de despedir al ministro del Interior por un error del equipo económico es una pequeña muestra del malabarismo que implica gobernar.
Durante la campaña, el Tigre se vendió como una especie de clon de Milei. Solo le faltó la motosierra. En su proyecto económico habla de recortar el gasto, recuperar la estabilidad fiscal, combatir la corrupción y hacer viable la descentralización. A pesar de que en sus primeros días lo recibió un terremoto que devastó más de 350 municipios, el gobierno insistió en que tenía las finanzas bajo control. Desde la campaña -y cumpliendo con su extrema coherencia- han insistido en que no es necesario subir impuestos, pero en su disposición de sincerar las cuentas con el país y con los mercados internacionales, deberían dejar abiertas todas las opciones.
Gústenos o no, el gobierno va a tener que impulsar una nueva reforma tributaria como parte de su plan de rescate económico. Sin seguridad jurídica y estabilidad fiscal, no va a ser posible lograr la confianza inversionista que tanto vienen promoviendo y que es necesaria para reactivar la economía. Es mejor tomar las decisiones difíciles de una vez y no tratar de evitar lo inevitable. Yo estoy seguro de que el empresariado, los gremios y la clase trabajadora en general lo entenderán y lo apoyarán.
Dicho eso, en un país altamente dividido y polarizado, mantener el apoyo popular y tener legitimidad para lograr los grandes cambios no va a ser fácil. Si queremos combatir el narcoterrorismo y dar de baja a sus cabecillas; desmontar la JEP y las prebendas del Acuerdo de Paz; acabar con el despilfarro social del gobierno Petro, y autorizar el fracking e importar gas para contener la crisis energética, el Ejecutivo va a necesitar el apoyo de todos los que votamos por ellos para ejecutar la agenda y mitigar la amenaza de protesta social que impulsará y financiará la izquierda.
El presidente ya mostró su talante y capacidad para gobernar, pero la luna de miel va a durar poco. A pesar de que es responsable, frentero y conecta con la gente, sus enemigos no le van a dar tregua. Hay decisiones -buenas o malas- que no dependen simplemente de cambiar un fusible, como en el caso de Lara. El único que puede convencer al electorado de que no hay improvisación y de que existe un adulto responsable al frente del timón es él. Hoy la gente lo entenderá, se apretará el cinturón y aportará su cuota para tratar de sacar al país del hueco en el que nos dejaron Petro y sus secuaces.
Pero si dudan y se demoran, se quedarán con el pecado y sin el género, y la izquierda lo aprovechará para tratar de regresar al poder. Así como no le ha temblado la mano para apretar el gatillo en contra de los narcoterroristas, firmar extradiciones o cambiar funcionarios que no dan la talla, necesitamos que haga lo impopular en materia económica. Los vientos políticos hoy son favorables, pero se requieren audacia y cintura para tomar las decisiones dolorosas antes de que sea demasiado tarde. Porque, contrario a lo que dice la canción, sin dinero no seguirá siendo el rey.