Con las rodilleras puestas
Mucho se especula sobre la reunión prevista para febrero entre los presidentes Trump y Petro, pues con los dos, todo es impredecible. La gran mayoría celebró la llamada, pues sintieron que se logró abortar la posibilidad de un operativo militar -el cual parecía inminente-. Los petristas cantaron victoria, pues consideran que su líder tuvo la astucia para desarmar a Trump. El resto lo tomamos con un alto grado de escepticismo, pues somos conscientes de la volatilidad de nuestro mandatario trinando a las tres de la mañana según su estado anímico o de embriaguez. Aunque se mitigó la crisis, Petro va a tener que viajar a Washington con las rodilleras puestas para tratar de reencaminar la relación diplomática y buscar una salida a su situación personal.
Pero no nos equivoquemos, Trump sigue creyendo que Petro es un enemigo de Estados Unidos y un agente desestabilizador en la región. El hecho de que su Gobierno fue descertificado y le suspendieran la ayuda económica en la lucha contra las drogas; que a él y a su sequito más cercano les quitaran la visa y los incluyeran en la lista Ofac; y que el Departamento de Justicia pueda estar armando un ‘indicment’ o expediente judicial en contra de él y de Verónica; no es porque Trump este mal informado.
El Ministro de Defensa Pedro Sánchez viajó a Washington la semana pasada a dar explicaciones en antesala a la visita de su jefe, tratando de contener la falta de credibilidad que existe por parte de las autoridades americanas. Desconfianza que va más allá de las diferencias ideológicas, de la supuesta campaña de desprestigio por parte de la oposición, o incluso porque Undoc esté aplicando una metodología errada para la medición de cultivos ilícitos y proyección de producción de coca en el país, como lo quiere vender el Gobierno.
Así Petro diga que su gobierno ha combatido el narcotráfico más que su antecesor, la realidad es que Estados Unidos conoce muy bien en donde está parado. Tienen información que el narco-régimen chavista financió su campaña; que la ‘Paz Total’ -engendró de su aliado y posible sucesor Iván Cepeda- es el resultado del Pacto de la Picota y una cortina de humo para proteger a los grupos criminales y de delincuencia organizada en la región; y que bajo su mandato la frontera binacional se convirtió en un fortín para los grupos narcoterroristas -incluyendo Hezbolá- y en una amenaza para la seguridad nacional de EE.UU.
Trump ha demostrado que es un presidente transaccional. Es un negociador por excelencia, pero no le tiembla la mano al actuar. Su política de ‘paz por medio de la fuerza’, implica que prefiere lograr un acuerdo en la mesa en lugar de tener que enviar tropas -boots on the ground- y embarcar a Estados Unidos en guerras sin fin. Es pragmático y con determinación. Lo vimos en su liderazgo como negociador en Gaza; en los bombardeos a las bases nucleares en Irán; en su papel en Ucrania; en la captura de Maduro; y en sus amenazas de querer comprar Groenlandia. Tiene claro su objetivo geopolítico, pero sus palabras -por lo general- generan gran incertidumbre y rechazo.
Independiente de eso, Petro tiene que llegar a Washington con una actitud servil y de colaboración. No puede aparecer vestido de liquiliqui hablando de babosadas intergalácticas y queriendo imponer su agenda, porque le pasa lo de Zelensky en su primera reunión en la oficina oval y termina peor que los perros en misa.