Analistas 23/07/2026

El florero de Llorente

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Esta semana se dio un rifirrafe entre dos pesos pesados de la política colombiana por la Presidencia del Senado y la composición de las mesas directivas del Congreso. Muchas personas de derecha que respaldan el proyecto del gobierno entrante consideran que el expresidente Uribe se equivocó tanto en la forma -coincidir con el Pacto Histórico para propinarle una derrota al nuevo gobierno- como en el fondo. Para muchos seguidores de Abelardo De La Espriella, Uribe no ha logrado aceptar la derrota. También consideran que el Centro Democrático se siente maltratado como colectividad y que habría utilizado este episodio para arrodillar al nuevo presidente y defender sus intereses partidistas. ¿Cuál fue el florero de Llorente que rompió esta relación que hasta hace un año parecía inquebrantable?

He sido votante de derecha desde que tengo uso de razón y me he sentido representado por el presidente Uribe desde hace más de dos décadas, a pesar de sus aciertos y desaciertos. Independientemente de la mecánica política para elegir las mesas directivas, considero que en esta ocasión se están equivocando. La apariencia de una alianza entre el Centro Democrático y el Pacto Histórico solo perjudica la marca, el respaldo popular y el futuro del partido. El expresidente tiene que entender que Petro y el Pacto Histórico no son sus amigos y que siempre lo van a querer destrozar.

Tampoco creo que exista una diferencia ideológica o un problema de fondo que distancie a Uribe de Abelardo. A diferencia de lo que ocurrió en su momento con Santos por los temas de Venezuela y el proceso de paz con las Farc, o de sus diferencias de criterio con Duque, resulta crítico anteponer los intereses personales o partidistas al bienestar y el futuro del país.

Pero para pelear se necesitan dos.

El florero de Llorente fueron los ataques personales que se produjeron durante la campaña por parte de “la Manada” de Abelardo en las redes sociales; la soberbia y el triunfalismo con los que la campaña ganadora trató a quien hasta hace poco llamaban “el Gran Colombiano”; la decisión, interpretada por el Centro Democrático como un desplante, de otorgar la única cuota burocrática a una exintegrante de su partido; el hecho de restarle valor a su adhesión al gobierno entrante; y el intento de humillarlo en las elecciones de la corporación al cantar victoria antes de tiempo.

Pero, independientemente de quién tuvo la culpa o quién tiene la razón, no podemos, desde nuestras orillas, echarle leña al fuego, decretar vencidos y vencedores o hablar de “petrouribismo”. Tampoco podemos darnos el lujo de perder los votos de un partido con vocación de derecha, estigmatizarlo y mandarlo al ostracismo o a la oposición. Los dos sectores tienen que entender que esta pelea solo beneficia a Petro y pone viento en las velas de la estrategia de la izquierda para recuperar el poder dentro de cuatro años. No caigamos en su trampa.

Es momento de que dos líderes que se respetan y se aprecian tengan la gallardía y la entereza de buscarse, saldar sus diferencias y definir prioridades programáticas por el bien del país. Es responsabilidad del nuevo ministro del Interior recomponer la relación con una de las colectividades de mayor representación en el Senado y asegurar una mayoría en el Congreso que le permita pasar una aplanadora y garantizar el éxito de la agenda del Tigre. En vez de seguir buscando los cuerpos río abajo, acordemos puntos de encuentro para asegurarnos de que al nuevo gobierno le salgan bien las cosas. Si a Abelardo le va bien, a Colombia le va mejor.

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Política - Álvaro Uribe Vélez - Gustavo Petro