Analistas 11/06/2026

El retrato de Dorian Gray

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Periodistas que se autodenominan independientes y quienes llevan años vendiendo una imagen pública cuidadosamente labrada ven cómo su prestigio se va deteriorando producto de su ideología y ceguera intelectual. El paralelismo con la obra maestra de Wilde nos permite ilustrar de forma crítica la polarización y falta de ecuanimidad de algunos periodistas y medios de comunicación, quienes dicen defender la democracia, la institucionalidad y la libertad de opinión, pero se hacen los de la vista gorda cuando tienen que confrontar al candidato de gobierno.

Su posición es producto de la animadversión y persecución del expresidente Uribe y todo lo que él representa -incluyendo a Abelardo-. Se salieron de la ropa ante el triunfo del Tigre en primera vuelta y hoy no saben cómo responder. Al igual que el personaje de Wilde, vendieron los principios morales por la apariencia y la vanidad intelectual, y les está costando caro.

Pero para entender su postura es necesario explicar el origen de esta relación. El defensor de oficio de las Farc y alias ‘Teodora’ fueron instrumentales en la estratagema contra los hermanos Uribe Vélez. Utilizaron a sus calanchines en la rama judicial para darle apariencia de legalidad a testimonios de testigos falsos y se apalancaron en la promesa de la falsa paz para justificar sus métodos.

A este grupo de activistas disfrazados de periodistas les es imposible criticar a uno de los suyos, así Cepeda represente el continuismo de un gobierno corrupto e ineficaz que constituye una clara amenaza para la democracia colombiana. No les importa que el candidato del gobierno y Petro desconozcan los resultados electorales en contravía de lo dicho por múltiples veedores y auditores nacionales e internacionales. Su silencio al respecto es cómplice de la degradación del debate electoral.

Tampoco les importa que este dúo mesiánico alegue fraude con mentiras y ataque a la Registraduría sin prueba alguna. Tampoco les importa que los narcos apoyen abiertamente su candidatura y ganen con 100% de los votos en sus zonas de influencia, o que anuncien una constituyente o un acuerdo nacional para reformar la Constitución del 91 con el fin de minar la institucionalidad, muy a lo Chávez. Les tiene sin cuidado que durante estos cuatro años hayan destruido la salud, las pensiones, a Ecopetrol y las finanzas públicas, dejando al país al borde de un apagón y de la quiebra. A pesar de todo lo anterior, el periodista de marras y otros de su estirpe insisten en defender y apoyar la fórmula Cepeda-Quilcué, así el país termine como el personaje de Wilde, incinerado como el retrato que reflejaba sus pecados.

Por eso, a pesar de todos sus esfuerzos de lavarle la cara desde los medios tradicionales; de contar con el respaldo y la billetera del gobierno; el apoyo irrestricto de los narcos; la maquinaria política y la compra de votos; y el voto vergonzante de los que se denominan de centro, no encuentran argumentos para apoyar a su candidato. Su bálsamo moral es que el Tigre sería mucho peor.

Lo que no entendieron es que Abelardo de la Espriella representa un renacimiento de la derecha popular que alguna vez canalizó Uribe y que ahora emerge como ave fénix de las cenizas de esa izquierda que pretendió incinerarlo, como el retrato de Dorian Gray.

TEMAS


Periodismo - Democracia