Analistas 14/05/2026

El ‘Trumpulín Colorado’

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

¿Y ahora quién podrá defendernos? A esta altura del partido, parecería que la única esperanza que nos queda es que el colorado del norte -y no necesariamente el Chapulín- sea quien nos pueda dar una mano para inclinar la balanza en contra del candidato del gobierno. Estamos a tan solo tres semanas de las elecciones en Colombia y, por donde uno lo mire, el panorama parece desalentador. Mientras Cepeda sigue cabalgando sin tropiezo alguno, en la derecha parece que estuviéramos empeñados en inmolarnos.

Lo que empezó como una campaña cordial entre Paloma y Abelardo hoy muestra cada vez más lejana la posibilidad de una alianza en segunda vuelta. Periodistas, aliados y hasta bodegueros de uno y otro lado se atacan sin cuartel. Estamos en la etapa del “todo vale”. Se masacran entre ellos sin importar las víctimas políticas que dejen por el camino. Se han metido los hijos de Uribe, la familia de Miguel, Cabal y hasta el gato -por no decir el Tigre- en esta pelea de verduleras. Todo esto está llevando a que el votante de derecha se radicalice y a que otro sector importante del electorado se sienta “disenfranchised”, es decir, sin representatividad, excluido y abandonado.

Los del Tigre, hábilmente, metieron a Paloma y a Álvaro Uribe en la misma cochada con Santos, Gaviria, Roy, Benedetti y muchos otros políticos tradicionales, con su ataque a “los de siempre” en redes, nutrido por inteligencia artificial. Han logrado instalar en el imaginario colectivo que sus contrincantes del Centro Democrático son parte de la clase política tradicional que lleva décadas acumulando poder y riqueza en contravía de los intereses de los colombianos. Con esta estrategia pretenden que un porcentaje importante del electorado -históricamente parte de la estadística del abstencionismo- salga a votar en masa contra el establecimiento, algo parecido a lo que lograron Milei y Trump en sus respectivos países.

Por su parte, la campaña de Paloma -con el apoyo del establecimiento en pleno- se ha encargado de rotular a Abelardo como un advenedizo, trepador y hampón inescrupuloso, con aire de extraditable, por quien bajo ningún motivo votarían en segunda vuelta. Su actitud de superioridad moral, adoptada desde la llegada de Oviedo, los ha llevado a pactar con el centro y hasta con el diablo, creyendo que así podrán jalar los votos de Fajardo, Claudia López, Roy y toda esa centroizquierda que, en el fondo, no comulga con el radicalismo de Cepeda ni con la corrupción desmedida que representa este gobierno. Serían capaces de permitir que un comunista enclosetado llegue a la Casa de Nariño antes que apoyar a Adle en una eventual segunda vuelta.

Tengo la esperanza de que míster Trump intervenga en Colombia, como lo hizo la semana pasada en México, y que la justicia de Estados Unidos promulgue un indictment contra muchos políticos y aliados de Petro y Cepeda, requiriéndolos en extradición por sus vínculos con organizaciones terroristas (Ftos). Una acción judicial a esta altura del partido no solo pondría a tambalear las torres que han sostenido a este gobierno, sino que llevaría a muchas ratas a abandonar el barco antes de que se hunda en la tempestad.

La hora de actuar es ahora. De lo contrario, veremos a los gringos dentro de veinte años preguntándose cuál puede ser la mejor estrategia para tumbar el nefasto y pauperizante régimen de Cepeda.

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Elecciones presidenciales - Iván Cepeda - Donald Trump