Análisis 17/09/2026

Estado de Opinión 2.0

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

En este primer mes de gobierno el Presidente Abelardo de la Espriella nos ha demostrado que es un líder con carácter y determinación, que tiene muy claras sus prioridades, y que no va a dejar que nada ni nadie le secuestre su agenda -incluyendo el fuerte sismo que sacudió al país en los primeros días de su administración-.

Desde la campaña nos mostró que es un gran comunicador, que entiende el mundo de las redes sociales y los algoritmos, que tiene capacidad de conectar directamente con la gente sin necesidad de intermediarios, y que además conoce el poder de los gestos simbólicos, como la donación de su primer sueldo a dos hogares geriátricos en Quimbaya, Quindío.

No le tiembla la mano para ordenar operativos militares contra narcoterroristas, apartar a funcionarios incómodos que no siguen sus directrices -como ocurrió esta semana con el director del Dane-, o recibir en Barranquilla al secretario de Estado Marco Rubio, reafirmando así su decisión de gobernar desde las regiones. En su entorno insisten en la importancia de escuchar a la gente y gobernar para “la manada”, como llaman a sus seguidores. Lo que Álvaro Uribe denominó “el estado de opinión”.

Sus enemigos y opositores no le darán tregua y criticarán todo lo que haga. Ya hemos visto como Petro, Claudia López, Daniel Quintero y Daniel Coronell, por mencionar algunos de los más descarados, vienen pelando el cobre. El día después del terremoto y sin que hubiera terminado la tragedia, ya estaban atacando al gobierno en vez de mostrar solidaridad alguna con las víctimas.

Salieron en bloque a criticar la supuesta violación de los derechos humanos del extorsionador y asesino Bendito Menor, demostrando una vez más que están parados del lado de los criminales.

Para la izquierda y los activistas de opinión -mal llamados periodistas-, su único objetivo es que al gobierno le vaya mal para que por contraste ellos puedan justificar la debacle del gobierno anterior. Ante cada acto del Tigre, saldrán con narrativas predeterminadas, vendiendo la idea que el Presidente es mafioso, autoritario e inhumano.

Como columnista de opinión que respaldó la elección del nuevo Presidente y creyente que va a hacer lo posible para enfrentar la amenaza que representan la izquierda, el narcoterrorismo, los corruptos y la crisis fiscal que heredamos de Petro, tenemos que defender el proyecto de país que representa este gobierno, pues la guerra va más allá del campo de batalla.

Será bueno -en ocasiones- escuchar a la gente y gobernar para la tribuna, pero esta puede terminar siendo un arma de doble filo. El gobierno rápidamente va a tener que empezar a tomar decisiones difíciles en materia fiscal que van a afectar el bolsillo de todos los colombianos; la reconstrucción del terremoto va a tomar tiempo y seguramente se cometerán algunos errores; y la confianza inversionista demorará en producir resultados. No todas las decisiones que tomen van a ser populares y deberá tener la piel gruesa para mantener el curso ante la crítica y la adversidad.

Un presidente es la persona llamada a tomar las decisiones difíciles que el resto de los mundanos cómodamente preferimos evitar. Los buenos presidentes son aquellos que entienden que en ocasiones se va a tener que escoger entre dos malas decisiones, no solo entre buenas o populares. Quien no usa su capital político con sabiduría y firmeza, lo pierde. Gobernar por encuestas puede ser tan peligroso como gobernar sin ellas.

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