Analistas 19/03/2026

La mentirita

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Referencia popular y cínica utilizada para ordenar el icónico trago “Cuba Libre” (ron, Coca-Cola y limón) podría aplicar, de manera irónica, a la supuesta “no” participación en política del expresidente Juan Manuel Santos. El santismo es como el Mossad: cuando uno pregunta por ellos, niegan que exista, pero de manera stealth o sigilosa son los causantes del movimiento de capas tectónicas en la política colombiana. Aunque no tienen un candidato fuerte para ganar, sus votantes pueden ser determinantes al momento de decidir el futuro del país.

Hace cuatro años, personajes como Roy Barreras, Armando Benedetti, Alejandro Gaviria, Alfonso Prada y Juan Fernando Cristo, -estandartes de esa corriente que “no existe”- fueron indispensables en la elección de Gustavo Petro y participaron activamente en su gobierno, así hoy lo nieguen.

La semana pasada lograron una votación importante para Juan Daniel Oviedo en la consulta, forzando la mano de Paloma Valencia -la candidata del Centro Democrático- para que lo escogiera como fórmula vicepresidencial. En un principio aplaudí la jugada de ajedrez del expresidente Álvaro Uribe, pues soy consciente de que sin el centro es imposible derrotar a este gobierno.

Petro, sin importarle las advertencias que le hiciera Donald Trump, va a utilizar todo a su alcance para que su proyecto se perpetúe. Va a movilizar al gobierno, al Grupo de São Paulo, la minga, la primera línea, a los del Pacto de la Picota y hasta declararle la guerra al Ecuador, con tal de ganar.

En la derecha tenemos que entender que la única manera de poder arrebatarle la presidencia a la izquierda es si negociamos con Santos. El presidente Uribe ya demostró que está a la altura de las circunstancias. Dejó a un lado su ideología -e incluso sus diferencias irreconciliables con el expresidente Santos- para evitar que Colombia caiga en las garras del comunismo del siglo XXI. Un acto de pragmatismo y aritmética política cuyos resultados aún están por verse.

Soy consciente de que muchos en la derecha no quedaron contentos con la selección de Oviedo. Los entiendo, pues soy un convencido de que los votantes de centro prefieren ver a un país destruido y sumido en la miseria en manos de Iván Cepeda antes que votar “por el que diga Uribe”, y mucho menos por ADLE. Independiente de si fue una buena o mala decisión -no había otra opción-.

Debemos tener mucha inteligencia emocional para que en los próximos noventa días el voto de derecha no termine dividido. No podemos masacrarnos entre uribistas y abelardistas, porque le estaríamos sirviendo la presidencia en bandeja de plata a la izquierda. Sin importar cuál de los dos candidatos vaya liderando en las encuestas a comienzos de mayo, todos deberíamos votar por el que esté más adelante, independiente de si es nuestro favorito o no. Los del centro deberían hacer lo mismo y sumar en vez de restar. Tratar de imponer su agenda, insistir en el Acuerdo de Paz, la JEP, la adopción por parejas homosexuales y el aborto es inoportuno y genera desconfianza. Es importante que todos en la centroderecha entendamos el riesgo que representa Iván Cepeda para el futuro del país. Sé que muchos en el santismo fueron sus aliados en el pasado, pero es momento de deponer las armas, acabar con la polarización y defender el modelo de país que todos queremos. De lo contrario, terminaremos como “La Mentirita”, viviendo sabroso en un país destruido por el comunismo por falta de coherencia.

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