Analistas 28/05/2026

Ser buen perdedor

Andrés Otero Leongómez
Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

Ya la suerte está echada. Pase lo que pase este domingo, e independientemente de quién sea más decente o coherente, de si las encuestas están amañadas o desatinadas, de si la guerra sucia la empezó el uno o el otro, o si la fórmula vicepresidencial fue la correcta, es crítico que tanto Paloma como Abelardo sean buenos perdedores y apoyen de manera irrestricta al que gane en primera vuelta. El futuro del país depende, en gran medida, de que los dos candidatos de la derecha puedan anteponer sus diferencias y ambiciones personales, y logren unir fuerzas a partir del próximo lunes 1 de junio para hacer todo lo que esté a su alcance para derrotar a Cepeda en segunda vuelta.

Siempre he creído que la verdadera determinación y el liderazgo surgen cuando uno pierde, está en el piso y siente que quiere tirar la toalla. Actuar con entereza, gallardía y generosidad frente a su oponente en ese momento será el reflejo de la dignidad y la valentía que todos esperamos de nuestros líderes. Si no somos capaces de unirnos para derrotar a Petro y a Cepeda en estas elecciones, mucho menos lo seremos para enfrentar el cáncer del narcotráfico y la delincuencia organizada que amenaza con destruir a Colombia.

Petro y sus secuaces ya demostraron que para ellos no hay líneas rojas y que están dispuestos a todo para perpetuarse en el poder. Los tiene sin cuidado el uso de los recursos públicos para favorecer a su candidato; la indebida participación en política; la violación de los topes; la financiación ilegal de la campaña oficialista; la coerción de los votantes por parte de grupos armados ilegales; la compra de votos; la movilización y el vandalismo de la minga y la primera línea; el magnicidio de candidatos y líderes de oposición; tener en nómina a periodistas connotados y comprar conciencias a punta de pauta; el asesinato moral de sus oponentes utilizando bodegas, noticias falsas y deepfakes; y acusar a la Registraduría de fraude, amenazando con desconocer los resultados si su candidato no es el elegido.

Mucho menos las investigaciones del Consejo Nacional Electoral, la Procuraduría, la Fiscalía o la Comisión de “Absoluciones”, pues saben que mientras estén en el poder nadie se atreverá a meterse con ellos, como quedó demostrado estos cuatro años. Tampoco los desvelan las advertencias de Trump, Bernie Moreno o de la Misión de Observación Internacional y sus 800 expertos.

Palomistas, abelardistas -y algunos mamertos arrepentidos-. No es momento de creer tener superioridad moral o de votar a conciencia. Hay que ser pragmáticos y aplicar el voto útil. Ya vimos el resultado cuando dejamos que Santos y el centro secuestraran la estrategia y ungieran a Petro como un estadista adalid de la paz y la democracia.

No tenemos el lujo de equivocarnos nuevamente. El camarada Cepeda sí es tan malo como lo pintan, tan comunista como su padre, tan sigiloso como el frente de las Farc que lleva su nombre y mucho más radical que Petro. Y si los rumores de su estado de salud son ciertos, terminarán eligiendo a un Evo Morales -pero con falda-, con las consecuencias que esto conlleva.

Permitir que, por votar en blanco con ínfulas de perfección moral o ideológica -o por ir a ver ballenas-, la izquierda se perpetúe en el poder será un cargo de conciencia difícil de endilgar cuando tengan que explicarles a sus hijos o a sus nietos por qué Colombia terminó bajo el yugo de un régimen totalitario.

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Gustavo Petro - Iván Cepeda