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A Infantino le salió bien la fiesta

Andrés Torres

Antes del pitazo inicial, la mayoría teníamos dudas y parecía que estaban bien fundamentadas: 48 selecciones, tres países, 16 ciudades con distancias enormes entre ellas, un verano ardiente, anfitriones que no son futboleros y, lo que más se criticaba, entradas por las que se pedían miles de dólares y que se revendían en decenas de miles. Para algunos, el Mundial sería un desastre en los ámbitos deportivo y económico. Era la misma sensación que se tiene cuando a uno lo invitan a una fiesta y va pensando que va a ser mala.

Hoy, después de haber estado 43 días aquí y haber visto casi todos los partidos, por televisión o en los estadios, puedo decirlo sin duda alguna: a Infantino le salió muy bien el Mundial. Hablemos primero de lo económico. Hubo más de 500 millones de solicitudes de entradas, una cifra sin precedentes en la historia del deporte mundial que confirmó el carácter global del evento. Antes de los cuartos de final, el torneo ya había recibido más de 6,25 millones de espectadores. Registró una ocupación promedio de 99,7% y una asistencia media de más de 65.000 personas por partido, la mejor de la historia. ¿Las entradas eran caras? Sí, claro. ¿Se vendieron todas? Sí, claro.

Un estudio de OpenEconomics estimó que este Mundial podía generar hasta US$40.900 millones y crear cerca de 824.000 empleos, 185.000 de ellos en Estados Unidos. Eso se notó para quienes estábamos acá. No había tienda, supermercado, farmacia o gasolinera que no tuviera algún producto alusivo a la Copa del Mundo, incluso en ciudades donde no se jugaba.

El torneo mostró que Norteamérica es un mercado estratégico para el fútbol, con cifras de audiencia televisiva nunca vistas e ingresos publicitarios de cientos de millones de dólares. Tanto Fox como Telemundo capitalizaron el aumento de las audiencias y el enorme interés comercial que despertó el torneo.

Después de haber vivido de cerca la competencia, se da uno cuenta de que el Mundial es algo que trasciende el fútbol. Es un fenómeno económico, cultural y social que no tiene igual. Es cierto que al estadounidense promedio poco le importaban los resultados, pero sí se enteró de que había un Mundial en su país, se interesó por los millones de turistas que trajo el evento y disfrutó de la alegría de las hinchadas del mundo entero.

La presencia de 48 selecciones, una idea muy polémica del presidente de la Fifa, Gianni Infantino, trajo, contrario a lo que se pensaba, más emoción a la fase de grupos. Había una mayor expectativa de pasar a la segunda ronda, aun si los resultados iniciales eran adversos. Conocimos y disfrutamos selecciones que antes no solían estar y jugadores de los que no habíamos oído hablar. ¿Quién de ustedes no hizo fuerza por Cabo Verde?

Su gran pecado fue aplazar durante un año la sanción derivada de la tarjeta roja a un jugador estadounidense después de que el presidente Trump lo llamara y le pidiera revisar el caso. Eso le va a costar.

Pero cuando se hable del Mundial de 2026 y recordemos lo que se vivió durante estas cinco semanas, habrá que reconocerle a Infantino que la fiesta le salió bien y que los invitados nos fuimos contentos. Ahora solo hay que esperar cuatro años para volver a estar en una fiesta así. Si tiene la oportunidad, no lo dude: vaya.

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