Durante septiembre del presente año se ha registrado un repunte significativo en el precio minorista del diésel en Estados Unidos, lo que consolidó la tendencia de crecimiento que traía desde julio y lo llevó a un máximo histórico en términos nominales desde que se tiene registro. La razón detrás del repunte es una restricción de oferta global. Según la Administración de Información Energética (EIA, por sus siglas en inglés), dicha estrechez se debe a la menor actividad de refinación en Rusia, China y Oriente Medio, lo cual encareció los productos derivados del petróleo en el mercado internacional y aumentó, a su vez, la demanda de exportaciones estadounidenses.
Adicionalmente, los inventarios se encuentran 13% por debajo de su promedio estacional, y la capacidad de operación de las refinerías se halla en 97%. Como resultado, el margen comercial de la refinación ha tomado también una senda ascendente, y se estima que supere US$2 por galón en lo que resta del año, condicionado, claro está, a que se normalice el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz.
Como es usual, Colombia no es ajena a este tipo de eventos internacionales. El gráfico 1 muestra cómo se traduce este choque a pesos colombianos. La referencia internacional analizada pasó de cerca de $11.900 por galón en enero a $19.820 al 28 de septiembre, un aumento aproximado de 67%. En cambio, el precio nacional pasó de $11.062 a $11.399, un alza de alrededor de 3%. Este desacople obedece a la existencia del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc), que mantiene un subsidio implícito sobre este combustible líquido, lo que evita que la volatilidad internacional se transmita de manera automática y completa a los precios domésticos. Lo anterior implica que la diferencia entre el precio internacional y el interno, que en la última semana de septiembre alcanzó $8.400, sea absorbida por el Fepc. Si bien ese valor no debe tomarse como un indicador de subsidio efectivo, pues el precio minorista también incorpora elementos como impuestos, márgenes y fletes, sí es una señal de que el Fepc tendrá que hacer un mayor esfuerzo fiscal para mantener invariable el valor en el mercado local, dado que esta referencia de diésel es una de las contempladas en la fórmula de compensación del mecanismo.
De otro lado, la apreciación del peso también ha jugado un papel fundamental y se ha ubicado como el principal amortiguador: como la paridad se expresa en moneda local, reduce mecánicamente el costo del choque. Para ilustrarlo, con la tasa representativa del mercado de comienzos de año, la referencia promedio para septiembre habría sido de $22.065 por galón; es decir, el tipo de cambio estaría ahorrando cerca de $2.900 por unidad.
En este contexto, cerrar la brecha exige ajustes de gran tamaño. Las tensiones geopolíticas amenazan con mantener las presiones sobre los precios de los combustibles, lo que aumenta la carga fiscal del mecanismo de compensación del Fepc. Si se cumple el escenario de la EIA, con una exposición extendida y nuevas presiones sobre el presupuesto de 2027, además de la coyuntura fiscal actual, la necesidad de estructurar una senda de ajustes graduales se hace más apremiante que nunca.