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A lo largo del siglo XXI se pudo apreciar un fenómeno estructuralmente característico del comercio exterior del país: una balanza comercial de servicios deficitaria. Sin embargo, la recuperación postpandemia dinamizó las exportaciones de servicios, hasta el punto de que en 2025 el déficit prácticamente se había cerrado (-US$43 millones). Y como novedad adicional, desde 2024 se ha registrado un superávit comercial en el primer trimestre del año, siendo de US$406 millones para el presente año.
Esta fortaleza también se puede apreciar en la ganancia del tamaño relativo frente a las exportaciones de bienes, pues cerraron 2025 en 39% (cifra similar para lo corrido de 2026), cuando para 2019 representaban 26% y a inicios de siglo llegaban apenas a 15%. Sobre este aspecto, el desempeño de las importaciones ha sido más bien estable, pues el tamaño reportado para 2025 (30%) es cercano a los registros de 2002, 2010, 2016 y 2019 (Gráfico 1, Panel A). Si bien en 2015 hubo un quiebre positivo en el peso relativo de los servicios y sus exportaciones mantuvieron una trayectoria creciente, este cambio puede explicarse en buena medida por la reversión de la bonanza de materias primas, lo que afectó el valor de las exportaciones de bienes y, por tanto, su punto de comparación.
En contraste, el comportamiento reciente sí está sustentado en una mayor aceleración de las exportaciones de servicios, pues mientras en 2021 estas sumaron US$8.178 millones, en 2025 el valor total fue de US$19.970 millones. Las importaciones de servicios también recuperaron algo de protagonismo respecto a las de bienes durante los últimos cinco años, pero el ritmo diferenciado y el estancamiento de las exportaciones de bienes llevaron a que, a partir de 2023, la cuenta de servicios pesara más dentro de las exportaciones que dentro de las importaciones.
Al desagregar por tipo de servicio, se encuentra que los principales responsables de este comportamiento son los servicios de viaje y transporte aéreo, asociados a la recuperación del turismo, y los servicios Tic, jalonados principalmente por los servicios informáticos. Los primeros tuvieron una notable recuperación, registrando tasas de crecimiento anual promedio superiores a 20% entre 2021 y 2025, en tanto que los segundos se vieron beneficiados por la digitalización derivada de los retos que supuso la pandemia y un mayor apetito por servicios tecnológicos especializados, lo que llevó a que registraran una tasa de crecimiento anual promedio de 28%.
Este proceso se suma a la recomposición de la canasta exportadora, donde los servicios tradicionales siguen siendo la fuente principal de divisas, pero los servicios modernos han recortado camino. En 2000, transporte y viajes representaban 79% del total; en 2014, 68%, y en 2025, 65%. Esta pérdida de participación vino acompañada de una ganancia significativa por parte de los servicios a las empresas y Tic. Mientras en 2000 figuraban con 3,8% y 8,5% del total, respectivamente, los servicios a empresas alcanzaron 19% en 2014 y mantuvieron una participación similar desde entonces (impulsados por las consultorías y los call centers).
Por su parte, los servicios Tic, que se habían estancado alrededor de 7% en la década pasada, llegaron a 11% en 2025 gracias a su notorio crecimiento (Gráfico 1, Panel B).