El gobierno colombiano regresó el 26 de octubre a los mercados internacionales con una emisión de bonos globales por US$5.200 millones, la segunda del año y la primera de la administración de Abelardo de la Espriella. La operación se realizó en un contexto de crecientes presiones fiscales, con un déficit del gobierno nacional central (GNC) que, según nuestras estimaciones, ascendería a 7,6% del PIB para 2026, y necesidades de financiamiento elevadas para la siguiente vigencia. En este escenario, los resultados ofrecen una señal sobre las condiciones de acceso del país al financiamiento externo y el costo que debe asumir para atender sus obligaciones.
En la operación, el Ministerio de Hacienda colocó en el mercado internacional US$5.200 millones en tres referencias con vencimientos a cinco, 10 y 30 años, correspondientes a 2032, 2037 y 2056, respectivamente. El tramo a cinco años concentró el mayor monto, con US$2.200 millones a una tasa de 7,05%, seguido por los títulos a 10 años, que sumaron US$2.000 millones a 7,65%. Los US$1.000 millones restantes se colocaron en bonos a 30 años, con una tasa de 8,15%. En total, según resultados preliminares, las órdenes de compra alcanzaron US$16.500 millones, equivalentes a 3,1 veces el monto emitido. El bono a 30 años fue el más demandado (4,9 veces), frente a 2,7 veces en los tramos cortos.
Este resultado contrasta con el evidenciado en la emisión histórica de principios del año. En esa oportunidad, Colombia colocó US$4.950 millones en bonos con vencimientos en 2029, 2031 y 2033, y recibió órdenes por US$23.200 millones en su punto máximo, equivalentes a 4,7 veces el monto emitido. Esta diferencia sugiere un menor apetito relativo por los títulos colombianos, aunque también debe considerarse que las dos emisiones tuvieron plazos distintos y se realizaron bajo condiciones de mercado diferentes.
El costo de financiamiento también refleja un entorno más exigente. Las tasas de la nueva emisión se ubicaron entre 7,05% y 8,15%, frente a un cupón promedio ponderado de 5,93% en enero. Esta comparación debe interpretarse con cautela, pues los cupones no equivalen necesariamente a los rendimientos de colocación y los nuevos títulos tienen vencimientos más lejanos. Aun así, las condiciones obtenidas muestran que el acceso a los mercados internacionales continúa abierto, pero implica un costo elevado para la Nación.
Según anuncios preliminares, los recursos recibidos se destinarán a financiar el Presupuesto General de la Nación de 2026, con la posibilidad de cubrir anticipadamente parte de las necesidades de 2027. La operación responde a requerimientos fiscales significativos, en un contexto en el que el servicio de la deuda limita el espacio disponible para otros gastos. Adicionalmente, cabe señalar que una parte de la emisión ya estaba prevista en la estrategia de financiamiento para 2026, que contemplaba un aumento de $10 billones (cerca de US$3.000 millones) en las fuentes de crédito externo.
Con esta operación, las emisiones de bonos globales de Colombia durante el año ascenderían a cerca de US$10.200 millones (Gráfico 1), el segundo monto más alto de los últimos 35 años. Este volumen refleja la relevancia del financiamiento externo para el gobierno, pero también su exposición a las condiciones de los mercados internacionales. Si bien la emisión fortalece la liquidez en el corto plazo, no resuelve los desequilibrios fiscales de fondo. Además, el elevado costo de colocación subraya la necesidad de establecer una senda de ajuste fiscal creíble que permita estabilizar la deuda pública y mejorar las condiciones de financiamiento del país. Adicionalmente, las necesidades de financiamiento de la actual vigencia podrían llevar al gobierno a monetizar parte de estos recursos antes de terminar el año, en contraste con las compras de divisas del Tesoro entre enero y mayo (US$7.621 millones). Este paso de comprador a vendedor de dólares podría incidir en la tasa de cambio en los próximos meses.