Las micro, pequeñas y medianas empresas (MiPymes) constituyen el grueso del tejido empresarial y una fuente fundamental de empleo. Sin embargo, son también las más vulnerables: suelen enfrentar mayores restricciones de acceso a financiamiento y menores márgenes de maniobra ante choques económicos. En este contexto, las capacidades financieras del empresario dejan de ser un atributo deseable para convertirse en un determinante del desempeño del negocio.
De esta manera, el Índice de Capacidades Financieras (ICF) de la Encuesta Mipyme Anif, desarrollado en el marco metodológico de la Ocde/Infe, permite diagnosticar el estado de las empresas en esta materia. A diferencia de otros indicadores que se concentran exclusivamente en el conocimiento teórico, el ICF adopta un enfoque realista al combinar tres componentes: los conocimientos financieros, los comportamientos financieros observables y las actitudes frente a las decisiones económicas.
En primer lugar, el componente de conocimientos financieros evalúa si los empresarios comprenden conceptos para la toma de decisiones económicas, mediante preguntas sobre nociones clave como la diferencia entre deuda y capital o los efectos de la inflación sobre el costo de vida.
El componente de comportamientos financieros mide si las empresas aplican en la práctica principios de gestión responsable, como la separación entre las finanzas del hogar y del negocio, la comparación de opciones antes de contratar productos o el registro de la información financiera, reflejando en qué medida los conocimientos se traducen en hábitos que permiten anticipar riesgos.
Finalmente, las actitudes financieras capturan la orientación de los empresarios frente a la planificación y el manejo del riesgo, identificando si tienen una visión de largo plazo, confianza en el financiamiento externo y preferencia por la planificación estructurada sobre la intuición.
En conjunto, el ICF para las MiPymes alcanza un valor promedio de 65,3 puntos en 2025-2026, lo que sugiere un nivel intermedio de capacidades financieras. Este resultado indica que, si bien una parte importante cuenta con bases razonables para la toma de decisiones económicas, persisten brechas relevantes que limitan una gestión financiera más sólida.
Al analizar por componentes, se observa un patrón consistente en la jerarquía de desempeño: en todos los segmentos, el componente de conocimientos financieros registra los puntajes más altos, seguido por los comportamientos financieros, mientras que las actitudes financieras se mantienen como el principal rezago estructural.
Por tanto, las MiPymes cuentan con una base sólida de conocimientos (entre 70,5 y 73,6 puntos), que en buena medida se traduce en prácticas de gestión (62,0 a 77,7 puntos), pero enfrenta limitaciones importantes en la disposición y orientación hacia la planificación financiera (54,2 a 63,8 puntos).
El diagnóstico que ofrece el ICF revela que las MiPymes han logrado consolidar una base de conocimientos financieros, aunque no se traduce en hábitos de gestión ni en actitudes orientadas a la planificación de largo plazo. El rezago en el componente actitudinal sugiere que las brechas de capacidades financieras no obedecen únicamente a la falta de conocimiento, sino a la ausencia de una disposición proactiva hacia la previsión y la profesionalización de la gestión.
Esta jerarquía de desempeño ofrece una hoja de ruta clara: los programas de educación financiera no deberían limitarse a transmitir conceptos, sino concentrarse en cerrar la distancia entre lo que los empresarios saben y lo que efectivamente hacen, fomentando una cultura de planificación, previsión y uso responsable del financiamiento.