Analistas 07/05/2026

El último baile, la FED se prepara para el relevo

En su última reunión al frente de la Reserva Federal (Fed), en cabeza de Jerome Powell, se optó por no mover las tasas de la economía estadounidense. El Comité Federal de Mercado Abierto (Fomc, por su sigla en inglés) decidió en abril, por tercera vez consecutiva, mantener la tasa de fondos federales en el rango 3,50%-3,75%, en una decisión que el mercado ya daba por descontada, pero que dice mucho más de lo que parece. No solo refleja una economía estadounidense aún tensionada por una inflación persistente y riesgos derivados de los conflictos en Medio Oriente, sino que también marca el cierre de una etapa en la conducción de la política monetaria.

De cara a una nueva administración y a posibles ajustes en las prioridades económicas, el panorama hacia adelante se mantiene abierto, con un balance delicado entre la evolución de la economía y los matices que pueda introducir el nuevo contexto de política.

La decisión obedece a una evaluación cautelosa del entorno macroeconómico en un contexto de elevada incertidumbre. Por un lado, la actividad económica continúa expandiéndose a un ritmo sólido, lo que sugiere que la economía estadounidense mantiene una base de crecimiento resiliente. Este dinamismo se refleja también en el mercado laboral, que sigue mostrando fortaleza, con una tasa de desempleo que descendió a 4,3% en marzo desde 4,4% en febrero, junto con una reducción de 332.000 personas en el número de desempleados.

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En la misma línea, las nóminas no agrícolas incrementaron en 178.000 empleos, con ganancias notables en salud, construcción y transporte. Aunque la creación de empleo ha mostrado cierta moderación, el mercado laboral sigue siendo consistente con una economía que no requiere, por ahora, un estímulo adicional.

En contraste, la dinámica de precios sigue planteando desafíos relevantes. La inflación, lejos de disiparse por completo, volvió a acelerarse recientemente, alcanzando 3,3% anual en marzo, tras ubicarse en 2,4% en los meses previos. Este repunte estuvo explicado en buena parte por el componente energético, cuyos precios crecieron 12,5% anual, con aumentos particularmente pronunciados en gasolina y combustibles derivados, en un contexto marcado por tensiones geopolíticas.

En este entorno, la Reserva Federal ha optado por una postura prudente y dependiente de los datos, en la medida en que la persistencia de presiones inflacionarias, sumada a la incertidumbre del contexto internacional, dificulta anticipar una convergencia rápida hacia la meta de 2%.

En este contexto, el relevo en la presidencia de la Fed adquiere especial relevancia. A partir del 15 de mayo, Kevin Warsh, candidato nominado por Donald Trump, asumirá como nuevo presidente, en una transición que ocurre en medio de una elevada incertidumbre global que impacta el bolsillo de los estadounidenses. Exmiembro de la Junta de Gobernadores de la Fed y con trayectoria en mercados financieros, ha sido crítico de algunas decisiones recientes de política monetaria y ha planteado ajustes en su enfoque, lo que sugiere posibles cambios de matiz en la conducción futura, aunque dentro del marco institucional vigente.

El principal desafío para la nueva administración no será únicamente calibrar el rumbo de la política monetaria, sino hacerlo en un entorno de creciente presión política. Su llegada se da bajo un gobierno que ha manifestado su preferencia por tasas de interés más bajas, lo que podría introducir tensiones en torno a una Fed reacia a los recortes. En este contexto, la conducción de la política monetaria estará marcada por la interacción entre estas presiones y la evolución de las condiciones macroeconómicas, un equilibrio que será clave en esta nueva etapa.

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FED - Estados Unidos - Tasas de interés