La reciente escalada militar en Medio Oriente, tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra el régimen de la República Islámica de Irán a finales de febrero, ha profundizado la inestabilidad en la región. Lejos de anticiparse una desescalada, el escenario sugiere un posible recrudecimiento del conflicto, especialmente después de los ataques iraníes contra bases militares estadounidenses y objetivos vinculados a sus aliados en la zona, incluidos Emiratos Árabes Unidos y Kuwait.
Más allá de su dimensión política y militar, el episodio ya genera efectos inmediatos en los mercados internacionales. En este contexto, la relevancia del estrecho de Ormuz para la oferta energética global es crítica. Por este corredor marítimo, de apenas 33 kilómetros en su punto más estrecho entre Irán y Omán, transita cerca de 20% del petróleo consumido a nivel mundial¹, equivalente a más de 20 mbd². Asimismo, por esta vía transitan cerca de 70 millones de toneladas anuales de gas natural licuado (GNL), equivalente a 15% de la oferta mundial. Al ser la ruta clave para las exportaciones de crudo de Arabia Saudita e Irán y la única vía marítima para el GNL de Catar y Emiratos Árabes Unidos, se consolida como el principal cuello de botella energético. Del lado de la demanda, economías asiáticas como China, India, Japón y Corea del Sur concentran aproximadamente 75% del petróleo y 59% del GNL que fluye por esta vía.
Los efectos ya son visibles en múltiples economías a nivel global. Tras los ataques, el precio³ del crudo Brent ascendió hasta US$80,6 por barril, lo que representa un incremento cercano a 11% frente al nivel previo al inicio de las hostilidades. Este comportamiento fue replicado por la referencia WTI, que alcanzó US$77,2 por barril (9,6%). Adicionalmente, el índice de carga de contenedores subió 6,5% tras los ataques, mientras que las aseguradoras han comenzado a restringir o encarecer la cobertura por riesgos de guerra.
Bajo este contexto, en Colombia, una de las variables de impacto es el precio de la gasolina. A enero de 2026, debido a la apreciación de la tasa de cambio y la estabilidad de los precios del petróleo, lo que se paga internamente por gasolina corriente estuvo por encima de la referencia internacional ($3.300 según nuestras estimaciones), lo que generó un margen de maniobra que permitió al Gobierno reducir $1.000 por galón entre febrero y marzo. No obstante, el reciente repunte del precio del petróleo presionaría al alza los precios internacionales de la gasolina, lo que reduciría la brecha observada (ahora $1.382) y limitaría el espacio del Gobierno para seguir bajando el precio de la gasolina corriente, además de disminuir -o incluso revertir- el superávit acumulado en el Fepc.
Frente a la resolución del conflicto, los escenarios son diversos y dependen de su duración e intensidad. Una desescalada permitiría aliviar las presiones sobre los precios del petróleo, pero una prolongación podría profundizar la volatilidad energética y restringir aún más el margen de maniobra en economías como Colombia.