En su reunión del 30 de junio, la Junta Directiva del Banco de la República decidió por mayoría incrementar la tasa de interés de política monetaria en 75 puntos básicos, llevándola a 12,00%. La decisión sorprendió a buena parte del mercado. De acuerdo con la Encuesta Anif Tasa Banco de la República, solo seis de 20 analistas anticiparon correctamente el ajuste, mientras que nueve esperaban un alza de 50 puntos básicos, dos proyectaban 100 puntos básicos y tres anticipaban que la tasa permanecería inalterada.
Esa dispersión de pronósticos refleja el clima de incertidumbre que rodea las decisiones recientes del emisor. La votación al interior de la Junta tampoco fue unánime: cuatro codirectores respaldaron el aumento, dos propusieron una reducción de 50 puntos básicos y un miembro votó por mantener la tasa sin cambios.
El endurecimiento responde a un panorama inflacionario que no cede. En mayo, la inflación total se ubicó en 5,84%, acelerándose frente al dato de abril (verificar si corresponde 5,68% o 5,69%). A lo anterior se suma una demanda interna que sigue creciendo con fuerza, un mercado laboral con desempleo históricamente bajo y presiones salariales al alza, además de un entorno externo incierto por el conflicto en Oriente Medio y su efecto sobre los precios de combustibles y fertilizantes.
El gerente Leonardo Villar fue enfático en que los efectos de esta decisión no se sentirán este año, sino a lo largo de 2027, y en que la convergencia plena a la meta de 3% solo se alcanzaría hacia 2028, en un esquema que seguirá dependiendo de los datos disponibles. Un rasgo cada vez más marcado en las decisiones del emisor es el disenso al interior de la Junta. Durante la década anterior, las votaciones divididas eran esporádicas y de menor amplitud, mientras que las decisiones unánimes resultaban frecuentes. Sin embargo, desde el ciclo de alzas de 2022, las votaciones divididas se volvieron recurrentes y la distancia entre las posturas extremas se ensanchó de manera evidente.
La decisión de ayer es un claro ejemplo: las propuestas oscilaron entre un alza de 75 puntos básicos y un recorte de 50, un rango inusualmente amplio para una misma reunión. Esta mayor fragmentación no es un detalle menor; refleja tanto la dificultad de interpretar un entorno económico más incierto como la creciente divergencia de visiones dentro de una Junta cuya composición ha cambiado.
Si bien el disenso no es negativo por sí mismo, cuando es persistente debe responder a criterios técnicos; de lo contrario, aumenta la incertidumbre y la volatilidad en las expectativas.
En conjunto, la decisión reafirma que el control de la inflación sigue siendo la prioridad del Banco de la República, sosteniendo por más tiempo un entorno de tasas elevadas. El reto ahora es doble: lograr que la inflación retome la senda hacia la meta de 3% sin restarle demasiado impulso a una economía que aún muestra dinamismo.
En adelante, el rumbo de la política monetaria dependerá de la evolución de la inflación, las expectativas, la situación fiscal y el contexto internacional, factores que el emisor deberá leer con especial cuidado en un momento de transición.
Por ahora, el mensaje del Banco es inequívoco: la convergencia de la inflación a su meta no es negociable, aunque el camino para alcanzarla tome más tiempo del previsto.