Ester Expósito es una actriz española muy bella y famosa, conocida por varias series de Netflix, pero también por sus pronunciamientos sobre la cosificación de la mujer, el machismo estructural y el patriarcado. Frases para enmarcar, indignación bien calibrada, activismo de alfombra roja. Luego llegó Bad Bunny a Madrid, la invitó a su casita para celebridades y le recitó al oído su prosa más excelsa: “Ey, tú y yo nos vamo a ver, nos vamo a conocer, vamo a bailar, vamo a beber, a bellaquear, después a coger, tú te va’ a hookear y esto se va a joder”. Ester se sonrojó, siguió en su perreo y el video se volvió viral en cuestión de horas.
Nadie la culpa, la rumba estaba chévere. Pero hagamos el ejercicio: si en lugar del conejo malo, un obrero de la construcción en Madrid le dice simplemente “qué linda te ves en ese vestido”, lo que recibe ese señor no es un sonrojo, sino una cátedra completa con palabras como cosificación, misoginia y violencia simbólica.
Porque toda esta ensalada mental del wokeísmo no es más que un ejercicio de indignación selectiva, activismo performativo y falsa moralidad. Además de un arma para llamar misóginos, racistas o fascistas a los que no piensan igual.
En Colombia acabamos de tener nuestro propio laboratorio. Hace unas semanas, Sergio Fajardo humilló públicamente a Paloma Valencia frente a cámaras de una forma que difícilmente habría usado con un rival masculino. ¿Alguien lo llamó misógino? No, porque él es el adalid de la ética suprema gracias a que fue un buen alcalde hace casi dos décadas.
Y ahí están también las declaraciones de Oviedo, que, en vez de asumir la responsabilidad de la debacle de su campaña, dijo que más de diez millones de colombianos votamos por un proyecto homofóbico. Yo creo que él vio otro tarjetón. Pero es más fácil repartir epítetos que asumir responsabilidad.
Aclaro: hay racistas, misóginos y homofóbicos, y hay que combatirlos. Pero esa manía de repartir esos epítetos a diestra y siniestra lo único que hace es debilitar esa lucha.
De todo esto me quedo con Ester y Bad Bunny perreando en Madrid. Dediquémonos a gozar, a perrear y a vacilar, y dejemos que Ester y todas canten a todo pulmón, sin culpas ni remordimientos: “Yo perreo sola”.