Sam Altman de OpenAI, Dario Amodei de Anthropic y Elon Musk llevan años diciéndonos que la inteligencia artificial va a cambiar todo, que va a eliminar millones de empleos, que estamos al borde de algo sin precedentes en la historia humana. El tono oscila entre el mesianismo y el apocalipsis, a veces en el mismo párrafo.
El tema, por decirlo elegantemente, me tiene mamado. Y les explico por qué. Para levantar las cantidades enormes de capital que necesitan, tienen que vender la idea de que esto lo cambia todo. Su inversionista no pone millones en algo incremental sino en algo que redefine la civilización. Por eso siguen empujando ese cuento, necesitan creérselo para que la gente que pone la plata se lo crea.
La otra razón es más obvia cuando uno lee sus biografías: estos señores crecieron con las novelas de Isaac Asimov e Iain Banks, y llevan décadas esperando que la ciencia ficción de su infancia se haga realidad. Cuando ven una herramienta poderosa, la proyectan al escenario de sus novelas favoritas. No es análisis, es nostalgia tecnológica con mucho dinero detrás.
Para entender cómo funciona realmente el cambio tecnológico, el VAR nos da una lección más útil que cualquier CEO de Silicon Valley.
El VAR nació para responder una pregunta concreta: ¿cómo saber con certeza si una falta o un fuera de lugar realmente existió? Esa pregunta generó inversiones, nuevos proveedores, cambios en las reglas y una infraestructura completa. Once años después, ¿resolvió el problema? Parcialmente, pues no hay consenso de que la situación sea mejor que antes, y de paso generó nuevos problemas que van a requerir más tecnología y más debate. ¿Y el empleo? Pasamos de cuatro árbitros en cancha a siete, más todos los empleados de empresas proveedoras y especialistas en revisión de video. Puesto de trabajo que hace quince años nadie imaginaba.
Así funciona el cambio tecnológico en la realidad, no en las novelas de ciencia ficción. Resuelve un problema, genera otros nuevos, y esos producen más inversión, más tecnología y más empleo con roles que aún no tienen nombre. Exactamente lo mismo pasó con el internet, el GPS y el Excel, que según los expertos de su época también iba a dejar a medio mundo sin trabajo.
La inteligencia artificial va a hacer lo mismo. Por eso, la próxima vez que escuche a uno de estos señores hablando de que vamos a quedarnos sin trabajo o de que vamos a entrar en una era de súper abundancia, sáquele la roja y mándelo a la banca. Y si quiere que lo revise el VAR, va a ver que tengo razón.